Enzo al ver a Stella afuera de la Torre, con su uniforme de mesera de camisa corta y falda poco más arriba de la rodilla, sin pensarlo bajo del auto, rápido se quitó la cazadora de cuero que traía y se la puso a ella para protegerla del frío. Stella tenia los ojos aún humedecidos. —¿Por qué lloras? ¿Qué te ha pasado? —preguntó preocupado —¿peleaste con Henry? Stella negó. Enzo frotó los brazos de Stella con energía a través de la cazadora para que entrara poco a poco en calor. Stella sintió mucha vergüenza el contarle lo que había sucedido hace un rato en el restaurante —me asaltaron… —prefirió decir. Enzo la miró pasmado. —¡No puede ser! Vamos al departamento de Henry… —No, no quiero que sepa, por favor no le digas. Stella se veía como un animalito asustado, Enzo sintió compasi

