Desde la cena con Caín no puedo dejar de pensar en él. No he podido ir al club de esgrima, mamá ahora está más pendiente de mí de lo que pensé que podría estarlo en todos mis años de vida, tanto que se le ocurrió la "maravillosa" idea de obligarme a mí y a Violet a ir con ella a pasear por la ciudad. Según ella ya estoy muy blanca y me hace falta sol, ver nuevos horizontes que no sean las cuatro paredes de mi habitación. ¿Saben que es lo peor de todo? Que Violet y yo parecemos dos mulas de carga, sosteniendo todas las compras de esta mujer que se hace llamar mi madre. —¡Me duelen los pies, ya no puedo más! —se queja Violet. —Ya nos marcharemos, solo falta una tienda más —dice mi mamá con una sonrisa. Claro, como ella no es la que carga las cosas, a regañadientes la seguimos. —¡Esto es

