La mañana hoy esta perfecta soleada y fresca, lo cual es demasiado raro. Miro la carta que tengo que entregarle al duque de Hawk, y aun esto dudosa de que querer hacerlo. Miro la puerta de la residencia del duque. ¡Diablos! ¡¿Por qué siempre me meto en problemas que no son míos?! Con decisión golpeo la puerta de la residencia, tardan unos segundos en abrirse y me recibe una mujer bajita regordeta de rostro amargado. —¿Disculpe se encuentra su excelencia, el duque de Hawk? —pregunto por respeto. —Él no recibe visitas tan por la mañana, vuelva más tarde —antes de que pueda cerrarme la puerta en la cara, la empujo y entro a la casa —¡Oiga no se igualada señorita! —Por favor señora cierre el pico que no vine a discutir con usted. ¡¿Dónde está el duque?! —digo alzando la voz para que todo

