Capítulo 2

1437 Words
LONDRES, INGLATERRA. —Creo que la nueva conquista será Lady Jons pero aún no lo sé, habla hasta por los codos y las mujeres parlanchinas son fastidiosas. ¿Tu que dices Rob?... ¡ROBERTS!—vuelvo a despertar de mi trance. —Sí, si estoy de acuerdo—respondo sin saber de qué estaba hablando. —¡Oh! ¿Estás de acuerdo con que me case con Lady Jons y nos vallamos volando en nuestro carruaje mágico? —¿Ah? —él solo se ríe. —No estas atento a nada de lo que te digo Rob. ¿Se puede saber el por qué? ¿Acaso un viejo como yo es aburrido?—me rio de él. —Gabriel no eres tú, tengo mil asuntos en la cabeza. Mi padre está haciendo negocios con un escocés, al parecer lo invitó a venir ofreciéndole hospedaje en nuestra casa, lo peor de todo es que no pidió mi opinión al respecto. —No creo que deba pedírtela, es su casa. —¡Y yo seré pronto el nuevo conde de York! Debo estar al tanto de todo lo que sucede en mi casa. —Rob no te amargues, ¿qué podría salir mal? —Tal vez que ese hombre sea un salvaje como todos lo de su tierra. —digo con cinismo. —No todos los escoceses son salvajes Rob, tu problema con ellos sigo sin poder comprenderlo, mientras tú sigues aquí creándote tonterías en la cabeza yo iré a disfrutar de la velada. ******* NAERYS —Niñas despierten... ¡NAERYS ARRIBA! —me despierto sobresaltada. —Madre esas no son formas de levantarme. —estiro los brazos y mi espalda duele a horrores. —Ya llegamos, acomoda tu peinado que debes lucir impecable frente al conde. —saco mi cabeza del carruaje. La casa de Conde de York es enorme, ahí podrían vivir varias familias. “¿Ese hombre vive solo en una casa tan grande?” –pensé con curiosidad. —¡Vamos, bajen! —nos ordena madre. Violet es la primera en bajar y por su mirada no hay que ser adivina para saber que quedó deslumbrada por todo el lujo, me acerco a ella con una sonrisa. —Violet límpiate las babas y quita esa mirada de caza fortunas. —ella me mira con el ceño fruncido. —¡Cállate Naerys! ¿Cómo quieres que no me deslumbre al ver esta preciosidad de mansión? ¿Cuántos años crees que tenga el conde? —se me escapa una carcajada. —Violet, tú no cambias. Por lo que me contó nuestro padre, el conde tiene cincuenta años pero tiene un hijo más joven que está entre los veintiséis y veintisiete. —ella sonríe. —Creo que ya fijé a mi presa. —¡Ja! Te apuesto mi anillo de zafiros a que no logras pescar al hijo. —extendiendo mi mano. —¡Trato! —ella la estrecha sellando la apuesta — Ya verás que dentro de poco seré la futura condesa de York. Los lacayos llevan nuestro equipaje adentro de la mansión, al entrar es de esperarse que el interior le haga justicia al exterior. ¡Es simplemente hermosa! —¡Bienvenidos a mi hogar!—dice un hombre entrado en años con cabello gris a los lados de su cabeza , al ver su brillante cabeza calva hago un esfuerzo sobrehumano por contener una carcajada, el Conde de York no es un hombre que pudiera considerarse atractivo pero los otros dos que están detrás de él sí que son dioses. —Conde York, es un honor que nos reciba en su casa. —mi padre estrecha manos con el conde —Ellas son mi familia, mi hermosa esposa Catherine. Mi madre hace una reverencia. —Un placer conde. —Mi bella hija Violet. —mi hermana hace una reverencia y sonríe coqueta, agitando sus pestañas a los dos hombres. La conozco, no sabe con cual quedarse —Y la menor, mi hija Naerys. —Un placer conde. —digo cortés, seria y sin una sonrisa mucho menos una reverencia. Por favor sé que si intento hacerla lo que pasará es que me pondré en ridículo y caeré al suelo. —Muy hermosas tus hijas McAdams. —dice el Conde —Él es mi hijo Robert Firz, futuro conde de York. Señala al atractivo castaño de ojos verdes. —Y este caballero es Gabriel Dávila, el Duque Hawk. No lo negaré, el duque es un hombre sumamente buenmozo, cabello tan n***o como la misma noche, unos ojos que… ¡Dios! ¿Qué clase de color de ojos son esos? Son una mezcla de gris, verde y azul, raros y a la vez muy hermosos. Lo único que tienen en común es su altura, no pasan de los seis pies. —Un gusto ver a damas tan hermosas como ustedes, señoritas McAdams. —dice el duque con una sonrisa que derretiría a cualquiera. —Deben estar cansados y hambrientos, pasemos al comedor —anuncia el conde York. Mi hermana está como una abeja en miel, extasiada por los lujos y los dos adonis. El duque de Hawk despierta mi curiosidad, es guapo ya lo he dicho pero lo que me llama la atención es su seguridad, sus gestos, y a leguas se nota que es un libertino. El lord Firz es harina de otro costal, demasiado serio, lleva toda la cena analizándonos; tal parece que no le gusta que estemos en su mismo ambiente. “Es un idiota por lo menos que disimule su desagrado”. —¿Y sus hijas están comprometidas, Lord McAdams? —pregunta el conde de York, —No milord, ninguna está comprometida. —responde mi padre. —Que raro, debo decirle que sus hijas son muy hermosas. Mi hijo tampoco está comprometido—el estruendo del tenedor cayendo al suelo se escucha por todo el comedor —¿Qué sucede hijo? ¿Te sientes bien? —Por lo visto te asusta el matrimonio, amigo mío —bromea el duque y solo se gana una mirada fulminante del Lord Firz. —¿Y a usted también le asusta el matrimonio duque Hawk? —pregunto sin poder detener mi bocota. —¡Naerys, calla! —me reprende mi madre por lo bajo. —Lady McAdams, si le soy sincero le huyo al matrimonio como a la peste. No está en mis planes para usted debe ser lo contrario, de seguro está impaciente por casarse. —Pues sabe.... Que gusto que pensemos igual respecto a contraer nupcias. —digo con una sonrisa. La cena va en silencio hasta el final. El conde York ordena a la ama de llaves que nos dirija a nuestros cuartos, Violet y yo terminamos juntas en una habitación y nuestros padres en otra. Al entrar el dormitorio noto lo espacioso que es, mi equipaje está sobre una de las camas, lo abro y saco mi camisón para dormir. —No sé con cual quedarme. El hijo del conde es guapo pero el duque ¡es de otro mundo! —exclama Violet, sonrojada. —¿Y a mí qué me importa con cual te quedas? ¿Por qué me cuentas? Además te recuerdo que hicimos una apuesta ¡cumple con ella! —¡Ay! Pero eso fue antes de que pudiera ver al duque, tengo que conseguir aunque sea un beso. —Suerte con eso —digo con una sonrisa. —¡Ya verás! Aunque sea un miserable beso conseguiré, no será difícil, es un libertino y ellos nunca dicen que "no" a una mujer. —Claro que si dicen que “no” y es al matrimonio. —Ese es un pequeño defecto que se puede resolver rápido. —Violet tiene una mirada maquiavélica. Ay, pobrecito el duque. Es que de no haber sido tan guapo no hubiera encaprichado a la loca de mi hermana. Esperemos que no haga una estupidez para conseguir lo que quiere. ~~~~~~~~~~~ En la mañana acompaño a mi padre al club de esgrima, estoy tan emocionada. ¡Ya quiero empezar a practicar otra vez! —Hija, calma tu ansiedad parece que en cualquier momento saltarás del carruaje. —me rio por su comentario. El carruaje por fin llega a su destino y yo soy la primera en bajar, el club deportivo es enorme. Tomo a mi padre del brazo y entramos al establecimiento, todo es elegante y hay muchos caballeros nobles alrededor, nos acercamos a la recepción. —¿En qué puedo ayudarlo, mi lord? —pregunta el encargado, un hombre algo chaparro y desgarbado pero bien vestido. —Quiero un profesor de esgrima que pueda enseñarle a mi hija. —el encargado mira a mi padre y luego a mí. De repente suelta una gran carcajada que me hace enfurecer. “¡¿Y éste mequetrefe de que se ríe?!”-pensé colérica. —Es un gran chiste milord. Las mujeres no están permitidas en este club y si usted o alguno de sus hijos no piensa entrar puede devolverse por donde vino. —estoy a punto de voltearle la cara de una cachetada por su tono tan soberbio y altanero pero mi padre aprieta mi mano, diciéndome que me calme. —Pues, si es así entonces inscribiré a mi hijo. —lo miro sorprendida. ¡¿De qué hijo está hablando mi padre?! —El lord Nariel McAdams. Aguanto las ganas de reír al comprenderlo todo. El encargado anota el nombre, mi padre paga la membrecía y sin nada más que decir, salimos del establecimiento. —¿Y se puede saber quién es Nariel McAdams? —pregunto con una sonrisa. —Estos idiotas ingleses que sobrevaloran a sus mujeres, si no te aceptan como mujer lo harán como hombre. Bienvenido al mundo Nariel McAdams. —yo solo puedo sonreír y rezar porque esta locura no resulte en desgracia.
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