Tal vez sea un hombre solitario, malhumorado y con pocas amistades pero cuando entraba en confianza era todo lo contrario a eso, su malhumor desaparecía y era muy amable.
Así era Adam Williams, le gustaba admirar la belleza de esa mujer que pasaba caminando todos los días por la calle. Siempre con sus trajes formales, morocho, pelo castaño, no sonreía mucho, fumador descontrolado cuando estaba nervioso o para pensar, empresario de negocios, ojos color miel, labios carnosos, no era un modelo aunque tenía su cuerpo muy bien trabajado escondido bajo esos trajes que debía usar. Muy observador en todo sin dejar que nada se le escape como esa mujer pero muy inseguro de sí mismo, '¿miedo? Sí pero al amor y salir lastimado ' eso le decían sus pensamientos.
Su tercera y última reunión en el día, siempre terminaba de trabajar al mismo horario que ella salía de su trabajo. Tantas veces Adam la vio salir de ese local con su cara demostrando que tuvo un día agotador, quizás era diferente a todas y eso hacía que le preste mucha atención. Era una camarera del local de la esquina, lo sabía ya que unas veces yendo en busca del auto la operación con una libreta en su mano, por el uniforme que se ponía y como se la pasaba hablando con los clientes con una sonrisa inmensa mientras anotaba . Nunca se la había cruzado frente a frente, jamás se frenaron para hablar o simplemente intercambiar palabras.
¿Ella sabía qué ese hombre estaba interesado en conocerla? ¿Todo quedará en eso nada más? ¿Un amor no correspondido?
Otro día más: ella cruzaba por la calle. Adam la observaba por la ventana, hoy puesto tenía un jeans claro que se le podía notar sus piernas largas con unos tacos negros, con una campera fina color negra y su cartera mientras que el pelo rubio atado en forma de coleta y como de costumbre caminando rápido mientras hablaba por celular.
Él la sigue mirando seriamente con su cigarro en la mano, unos minutos más y desaparece.
Las reuniones de la empresa ya han terminado para él. En una noche cálida caminando hacía el auto, se detiene frente al local y la sigue viendo juntos con sus otras compañeras atiendo las mesas, piensa caminando de un lado hacía el otro, se decide a entrar nervioso al local de comida. Se coloca en una mesa y espera que esa mujer que siempre mira lo atiende. Baja la mirada a su celular, y escucha una voz de mujer era dulce y calmada. Sus oídos querían seguir escuchándola y queriendo que sea ella.
—Señor, ¿qué va a querer? —Mientras mueve la lapicera.
Adam levanta la mirada para verla sonriente hasta que ve que no era la mujer que quería que lo atienda, asique borra su sonrisa rápidamente poniéndose serio.
Vuelve en sí y rápidamente piensa en un pedido —Una porción de pizza y un vaso de agua mineral. Gracias — la ve que anota todo.
Cierra la libreta —En unos minutos se lo traigo —le asegura.
A los minutos ya le había llegado la comida, agradeció y buscaba con la mirada a la mujer pero no la ve por ningún lado. Se resigna sigue comiendo y cuando terminan de comer, paga y se va desilusionado de no poder hablar con ella, y sin saber su nombre.
Los meses vuelan como la hora ...
Ya pasado meses desde que la miraba pasar todos los días al mismo horario y saliendo casi a la misma hora de trabajar.
De repente la puerta de su oficina se abre —Señor Williams, ya llego su abogado para revisar el contrato — dice nerviosa.
Cierra los ojos para no comenzar su mañana gritando como siempre y respira hondo para comenzar hablar —Hágalo pasar. —Dice mientras busca los papeles.
El abogado ingresa dentro de la oficina — Buenas, Adam. ¿En qué puedo ayudarte? - pregunta.
—Necesito que revises esos contratos no quiero tener problemas con los demás —le entrega los papeles.
Adam le hace seña para que se acomode en la silla, le deja los papeles sobre el escritorio y se levanta de su lugar recordando que debe, necesita verla pasar a ella. Rápidamente se enciende un cigarro dejando sólo al abogado y se asoma a la ventana, espera que pase. Mira su reloj y ella no pasaba nunca más. Fuma un poco de su cigarrillo, y en unos segundos pasaba otra vez hablando por celular.
'¿Con quién estará hablando?' pensaba él, niega con la cabeza mientras fumaba nervioso.
- ¡Oye, Adam! Todo está muy bien —grita el abogado.
Despega su mirada de la mujer que estaba terminando de pasar por ahí. Apaga su cigarrillo, y entra otra vez a la oficina — Está bien, gracias por tu ayuda Esteban. —Tocándose el pelo.
- ¿Quieres algo más? - pregunta mirándolo.
—Sí ... ¿me acompañas a tomarme un café? —Dice nervioso.
Sonríe —Es muy raro de tu parte pero no rechazaré tu oferta. —Se levanta guarda todo.
Adam junto con Esteban camina hacia el local, ingresan con cuidado y es ahí donde otra vez posa su mirada en ella.
—Deja de desnudar esa mujer con tus ojos —le susurra Esteban.
—Cállate —le dice serio y se sientan en una mesa.
—¿Ella es tu perdición? ¿Te gusta? —Mueve la cabeza señalándola.
—No te interesa mi vida privada. —Le dice cortantemente.
Se quedan en silencio.
—Buenas señores, ¿qué van a querer? —Pregunta sonriente.
No mira el menú y comienza a pedir —Yo pediré un café sin azúcar. Gracias —le dice cortante.
—¡Qué humor! —Susurra pero Esteban le sonríe a la mujer esa que los atiende —Yo voy a querer dos cosas. —Dice moviendo su mano.
La chica deja de escribir y lo mira —¿Cuáles son? - pregunta curiosa.
—Esteban apúrate que no tengo todo el día. —Dice cortante apretando sus dientes para que no escuche la camarera.
No le prestan atención y sigue hablando. —Una quiero lo mismo que el señor y la segunda me gustaría saber el nombre de esa mujer —la señala.
Adam mira hacia donde señala su abogado, se queda con la boca abierta al ver que era la mujer que él miraba cruzar siempre. Se puso de la nada nervioso.
—En unos minutos tendrán sus pedidos. Y con respecto a ella, se llama Rebecca Evans. —Se retira.
—Ahora sabes el nombre de la mujer espero que te haya ayudado. - bromea.
—Vete a la mierda —se levanta de su lugar y se va.
¿Rebecca Evans ?, juraba mientras caminaba no olvidarse de ese nombre era simplemente el comienzo para poder saber más de ella pero no le gustaba que se metan en su vida y en sus cosas. Estaba tan furioso que se sube a su auto y se va a su casa. Esa noche de tanta furia, y deseo de esa mujer buscó consuelo en los brazos de otra mujer pero no era lo mismo, y sólo fue una noche de sexo más.