El final de un caluroso día llegó acompañado de un refrescante baño para una agotada Valentina. Pero el agua fría, brindando una inigualable sensación al cansado cuerpo de la joven esclava, no lograba apartar de su mente la preocupación sentida por la suerte de su amada hermana. Aun no llegaba el grupo en el cual Estefanía había partido en las horas de la mañana hacia el sitio de la construcción de la nueva carretera. –Es más de una hora y media la que tienen que caminar para volver al campamento –le había dicho una de sus compañeras minutos antes de entrar a los baños. Sin embargo, bien sabía cómo las esclavas enviadas a trabajos por fuera del campamento solían regresar antes del atardecer, y en aquel momento el sol ya llevaba más de diez minutos escondido detrás de las montañas y la os

