Las piedras más grandes, así mismo las más duras y pesadas, fueron cortadas y cargadas por Valentina durante el transcurso de la mañana. Pascual, sin importar la evidente debilidad y el cansancio mostrados por la joven esclava, producto del extenuante castigo recibido el día anterior, le ordenó trabajar en una sección del campamento de la cual todas las demás rehuían, gracias a ser conocida como la cantera de hierro debido a las dificultades para cortar las piedras, producto de su extrema dureza. Pero a Valentina ya no le importaban la crueldad ni las injusticias de aquel malvado ser; solo pensaba, tal y como lo había hecho al estar colgada de la cruz, en su sentimiento de extrema felicidad, en el amor de su hermana, reconfirmado con creces durante la noche anterior, hasta el punto de ha

