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2452 Words

No habían pasado más de veinte minutos para el momento en el cual Kater se detuvo en un claro, tomó algo de aliento, volteó a mirar a Estefanía y dijo mientras se deshacía de su chaleco. –Ponte esto, te ayudará para que las ramas no raspen tu cuerpo –trató de pasarle el chaleco, pero la linda niña se reusó a recibirlo. –Gracias, pero creo que los azotes y las pajas que han sido mi colchón en los últimos seis años me han endurecido la piel, creo que ni siquiera siento el roce de las espinas –en realidad sí lo había sentido, pero esto le causaba más placer que dolor alguno. Sentir cómo las ramas y las espinas de algunos de los arbustos raspaban su torso desnudo la hacía sentir viva, le daba la energía suficiente para seguir corriendo y la hacía recordar aquellos dulces y bienvenidos azotes

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