Solo tenía ganas de saciar su inmensa sed. Acababa de terminar su trabajo, después de haber soportado un largo y caluroso día cargando piedras, recibiendo azotes en su espalda y observando la manera como su hermana la miraba con una expresión difícil de descifrar. Disfrutando ahora de un sol menos agresivo, el cual se empezaba a esconder detrás de las montañas, aquellas verdes montañas atravesadas seis años atrás para llegar hasta aquel horrible lugar, Valentina creyó estar segura de ser aquella la ruta a tomar aquel día en el cual se vería acompañada por su hermana en el camino hacia la tan ansiada libertad. Serían dos días atravesando bosques, riachuelos y empinadas colinas hasta llegar al ancho río, encargado de separar esta nación de crueles hombres con la suya y la de su familia. Pero

