CAPÍTULO VEINTITRÉS

1428 Words
ELINA “Elina, yo…” él empieza a decir, pero mi furia solo empeora al escucharlo hablarme de manera tan informal. “¿Cómo te atreves a tocar a mis bebés? ¿Se te olvida que estamos investigando tu participación en un ataque contra ellos?” le pregunto, levantando mi voz con cada sílaba. “Ellos estaban llorando y yo simplemente quería asegurarme de que estuvieran bien,” él responde, pero no hace el más mínimo intento de alejarse de ellos, y yo no quiero hacer nada que los pueda alterar, pues ciertamente están bastante calmados. “Ellos estaban perfectamente bien, de hecho, estaban con su niñera quien está perfectamente capacitada para cuidarlos,” le respondo, y luego noto algo extraño, así que añado: “A propósito, ¿Qué carajos hiciste con mi niñera?” “Yo… bueno…” él empieza a tartamudear con expresión culpable y yo estoy tratando de controlar la ira que me invade. “Bastian…” le digo en tono amenazador y él parece aturdido por un momento. “Yo le ordené que saliera, y ella fue a preparar el almuerzo de ellos,” él responde mirando hacia cualquier lugar menos hacia mí. “¿A qué te refieres con eso de que le ordenaste?” le pregunto enarcando una ceja y él aprieta los labios con gesto culpable. “¿Usaste tu aura de alfa para darle órdenes a mí niñera? ¿A MÍ NIÑERA?” le grito y Aiden rompe en llanto de inmediato, haciendo que Alissa también se asuste y empiece a llorar, lo cual logra sacarme más de quicio. “Estaban tan calmados…” él murmura con tono exasperado y yo lo fulmino con la mirada mientras me agacho a tomar a Aiden entre mis brazos y tratar de calmarlo. “Mira, sé que estuvo mal que le diera ordenes a tu gente, pero ellos se calmaron tan pronto yo llegué y sólo estaba aquí jugando con ellos un rato, no pretendía lastimarlos, nunca he pretendido eso,” él me dice mientras mece a Alissa de arriba abajo en sus piernas. “Todo lo que has hecho desde que entraste en mi vida ha estado mal, así que no quiero que te vuelvas a acercar a mis bebés o no responderé por lo que pueda pasar, me importará un carajo que estemos en tregua, te arrancaré la cabeza a ti o a quien se atreva a tocarlos, ¿me entendiste?” le digo en voz baja y amenazadora para no asustar aún más a los bebés, y él me mira con una expresión indescifrable en el rostro. “Nunca he querido hacerte daño, no podría hacerlo aunque lo intentara, te he amado más que a nada o nadie en este mundo y aún te sigo amando a pesar de todo el tiempo transcurrido y de todo lo que ha pasado…” él empieza a decir mientras mira a los bebés y luego al anillo de bodas en mi mano, y yo siento el aire atorarse en mi garganta, pero él parece absorto en su pequeño monólogo y continúa hablando: “Sé que me culpas por lo que pasó con tu padre y entiendo por qué lo haces, pero si tan solo me dejaras explicarte todo lo que sucedió ese día, sabrías que lo último que pretendía era herirte o dañar nuestro vínculo, y te busqué para hablar contigo, te busqué por todas partes pero no logré encontrarte incluso cuando sabía que estabas al frente de los ataques en contra de mis guerreros, y luego simplemente te casaste con ese imbécil, no entiendo cómo fuiste capaz de hacerlo cuando sé perfectamente bien que nuestro vínculo no está roto del todo, y cuando yo mismo he vivido en carne propia la sensación de rechazo hacia cualquier otra mujer que no seas tú, pero tú has follado con él como si nada hubiese pasado entre nosotros, como si mi marca no estuviera en tu cuello, como si no te doliera el pecho cada vez que lo haces…” él dice con la voz rota y yo no puedo esconder mi sorpresa ante sus palabras, pues aunque tenía mis sospechas sobre el origen del dolor, nunca pensé que él también pudiera sentirlo. “Sí, lo siento, lo he sentido cada vez que te acuestas con él, y es por eso que sé que estos bebés no son sus hijos, no podrían serlo porque no había sentido el dolor antes de esa maldita boda, así que sólo puede haber una respuesta a todo esto, y eso es que ellos son tan míos como son tuyos, los he estado observando con detenimiento durante todo este rato y he notado que él tiene tus ojos, pero también mi nariz y el mismo color de mi cabello, y ella tiene el mismo tono de verde que los ojos de mi madre, aunque los hoyuelos y el resto de su rostro son idénticos a ti, no entiendo por qué empezaste una guerra en mi contra cuando sabías perfectamente bien que no sólo nos une el vínculo que no lograste romper, sino que ahora también nos unen ellos, ¿qué pretendes con esto? ¿Dejarlos sin padre? ¿Es eso lo que quieres, Elina? ¿Dejar a los bebés sin padre porque tú perdiste a los dos tuyos y me culpas por ello?” él me dice y yo siento que mi autocontrol se va desvaneciendo con cada palabra que sale de su boca, y si no fuera porque los bebés están aquí y podría herirlos, ya hubiese dejado salir a mi loba para que le arrancara su lengua mentirosa. “Entonces, ¿a quién debo culpar por la muerte de mi padre? Tú diste la orden para quedar bien con tus alfas, ¡Y TUS HOMBRES LO EJECUTARON! ¿Se te olvida que yo estaba presente cuando pasó y lo vi todo tan claro como el día? Supongo que ya lo olvidaste, estás tan empecinado en hacerte la víctima porque tu pareja destinada no quiso más el vínculo que la unía al asesino de su padre, que se te olvidó que yo misma te vi allí sentado como si estuvieras en una reunión cualquiera mientras tus hombres lo apuñalaban, así que perdóname por no sentir lástima por tu dolor, de hecho, si lo hubiese sabido antes me habría follado a Zane cada día para asegurarme de que sufrieras. Y deja de hacerte ilusiones respecto a MIS BEBÉS, porque para tu información el dolor sólo ocurre cuando estoy llegando al orgasmo, y la última vez que me fijé no es necesario que una mujer llegue al clímax para quedar embarazada, así que toda esa historia que te inventaste no es cierta, no tienes ni idea de nada de lo que ha pasado desde que rechacé el vínculo, que por cierto no quiero volver a tener, y me fui de tu lado después de verte asesinar a mi padre,” le respondo con todo el odio que sale de mi corazón y él frunce el ceño en respuesta. “Yo no lo asesiné,” él responde. “Tus hombres lo hicieron bajo tus órdenes, lo cual no representa ninguna diferencia para mí,” le digo con rabia. “Yo no lo asesiné, él escogió su propio destino,” él repite de forma casi monótona, y yo siento mi paciencia agotarse por completo. “¡Vete!” le grito. “Nunca me dejaste explicar qué sucedió ese día,” él me dice. “No quiero escuchar nada que salga de tu boca mentirosa,” le respondo. “Si tan sólo escucharas un momento,” él insiste, y entonces decido que ya tuve suficiente. Tomo a Alissa de sus brazos y luego pongo a los bebés en la cuna, haciendo que ambos empiecen a llorar de inmediato, y girándome hacia él con mis ojos brillando, mis uñas empezando a alargarse y mi loba tomando cada vez más el control, y le digo con la voz más poderosa de la que soy capaz: “¡Vete de aquí!” Su reacción es inmediata, lo veo luchar contra el aura que envuelve mi orden, pero él sigue siendo incapaz de resistirse a una orden dada por una reina alfa con mucho más poder que el suyo, y después de pasar su mirada de mi rostro hacia los bebés en la cuna, él sale de la habitación y yo me desplomo en el suelo bajo todo el peso de sus palabras, mientras siento las lágrimas rodar por mis mejillas por primera vez en casi un año.
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