BASTIAN
*** UN AÑO ANTES – DÍA DE LA EJECUCIÓN ***
Tan pronto como salgo de la habitación en la que Elina se encuentra, encadenada en una cama mientras grita mi nombre sin parar, siento deseos casi incontrolables de regresar allí y decirle que todo estará bien, que haré lo que sea necesario para hacerla feliz, pero sin importar lo mucho que quiera hacerlo sé que no puedo, sé que como rey también tengo un deber con mi gente, y si tan solo ella pudiese entender esto las cosas serían mucho más fáciles, pero Elina es demasiado testaruda para ello, y aunque me moleste admitirlo, puede que ella no sea una buena reina consorte y luna para mi reino, el poder que demostró y su aura tan imponente no le permitirían serlo, ella lleva en la sangre la fuerza de reyes alfas, por lo que no es de extrañar que todo su ser irradie el poderío de una reina alfa.
Y aunque no entiendo por qué ella parece tan afectada con lo que pueda pasarle a su familia adoptiva, su angustia y su dolor también me afectan a mí, así que me dirijo hacia mi oficina para tratar de encontrar un lugar tranquilo en el que pueda pensar en una solución para todo este desastre, si tan solo pudiera encontrar la forma de castigarlo sin tener que tomar su vida, podría apaciguar el conflicto entre lo que quieren mis alfas y lo que quiere Elina, y de esa forma mantener un equilibrio en el reino.
“Ofrécele el exilio,” una voz dice tras de mí y yo me giro para encontrar a mi madre de pie en la puerta de la oficina, mirándome con una expresión extraña.
“¿Qué?” Le pregunto sorprendido.
“Cariño, te conozco más de lo que crees, y sé que piensas que me has podido engañar todo este tiempo, pero no es así, sé que algo pasa entre tú y la chica Bloodmoon, y aunque no estoy totalmente segura de lo que voy a decir, lo que vi después de la discusión por el arresto de su hermano fue suficiente para adivinarlo,” ella me dice y yo frunzo el ceño.
“No sé de qué hablas,” le respondo fingiendo ignorancia.
“Ella es tu pareja destinada, ¿no es así?” mi madre pregunta y yo quedo en shock por un momento.
“Tu cara lo dice todo,” ella añade y luego de un momento en el cual los dos quedamos en silencio, ella continúa hablando.
“No puedo decir que esté feliz con toda esta situación, no puedo negar que preferiría que fueras la pareja destinada de cualquier otra chica en el mundo y no de ella, pero sé más que nadie la fuerza de un vínculo así, casi muero el día en que tu padre dejó este mundo, y de no haber sido por ti probablemente me habría entregado a la pena y el sufrimiento que su partida me dejó, sé lo que es sentir cada sensación que tu pareja siente, sé la felicidad que te produce verla feliz, y sé que harías cualquier cosa por protegerla, pero lamentablemente tú tienes deberes más allá que las de una pareja, eres un rey y tienes que actuar como tal, si ella realmente te ama entenderá que tienes un deber para con tu pueblo,” mi madre me dice y yo me paso las manos por el cabello en forma exasperada por enésima vez hoy.
“No sé qué hacer, todos me están presionando para que ejecute al traidor mientras ella está atada en una cama con cadenas de plata que la están lastimando, y me rogó que le perdonara la vida… yo no… no quiero esto, sé que sueno como un imbécil patético, pero no quiero tener que decidir entre ella y mi reino, porque probablemente la elegiría a ella y entonces le habré fallado a mi abuelo, a mi padre y a ti,” le digo y ella se acerca para acariciar mi cabeza como solía hacerlo cuando era niño.
“Entonces ofrécele a él el exilio, dile que podrá vivir como rogue, seguro lo aceptará, y probablemente eso moleste a los alfas quienes lo único que quieren es ver la sangre correr, y también molestará a la chica quien tendrá que ver a la familia que la acogió irse para siempre, pero con el tiempo se calmarán y seguramente todo volverá a la normalidad,” ella me dice y sé que tiene razón, no es la solución ideal a esto, pero es la mejor opción que tenemos.
“Gracias, madre,” le digo y ella sonríe con tristeza.
“Espero que algún día puedas aceptar a Elina como mi reina y luna,” añado y ella rueda sus ojos antes de salir de la oficina sin decir una palabra más.
Así que me dirijo a la celda en donde se encuentra el padre adoptivo de Elina y lo encuentro sentado en un rincón con la cabeza en medio de sus rodillas mientras tararea una canción, la imagen es casi cómica, pues el hombre es probablemente uno de los más grandes del reino, y en este mismo instante parece casi como un oso dormitando; entonces me aclaro la garganta para tratar de llamar su atención y él levanta la cabeza lentamente hacia mí, luego frunce el ceño ligeramente al reconocerme.
“¿Ya es hora de mi ejecución?” él pregunta con voz monótona, y luego añade: “Pensé que me dejarían despedirme de mi familia antes,”
“No, aún no es hora, pero vengo a hablar contigo sobre tu sentencia,” le digo y él me mira con confusión.
“¿Qué hay con ello?” él pregunta.
“Quiero ofrecerte una opción diferente a la ejecución,” le digo y él parece sorprendido.
“¿Elina los logró convencer de perdonarme la vida?” el hombre pregunta.
“Bueno, de hecho, sí es por ella que estoy ofreciendo otra opción,” le respondo y él asiente lentamente.
“¿Y cuál es la otra opción?” él me pregunta con una expresión algo esperanzada.
“El exilio,” le respondo simplemente y su ceño se profundiza, perdiendo todo rastro de esperanza que había en su rostro.
“¿Volverme rogue?” él pregunta y yo asiento.
“Eso implicaría que toda mi familia también debe ir al exilio conmigo, ¿no es así?” él añade.
“Sí, esas son las reglas del exilio,” le respondo y el hombre sacude la cabeza con tristeza.
“¿Y las reglas de la ejecución permanecen igual?” él pregunta y yo no entiendo a qué va su pregunta.
“Sí, permanecen igual,” le respondo.
“¿Eso quiere decir que si muero a mi familia no le sucederá nada? ¿Los dejarán vivir en paz y mantener sus trabajos como lo han venido haciendo siempre?” él me pregunta y yo siento mi sangre helarse cuando entiendo el por qué él me está haciendo todas esas preguntas.
Va a elegir el bienestar de su familia por sobre su vida, otra vez.
“Sí, ellos podrán continuar sus vidas en el reino sin ningún tipo de repercusión,” le respondo con voz tensa.
“Entonces no hay nada qué decidir, no quiero que se cambie la sentencia que ya fue dictada,” él responde y vuelve a poner su cabeza entre las rodillas, ignorándome por completo.
“No, no puedes hacer eso,” le digo, y al ver que no levanta su cabeza, continúo insistiendo.
“Piensa en lo que va a suceder con tu familia, el sufrimiento que esto les traerá,”
“Ellos no quieren que mueras, y aunque esté mal que diga esto considerando que soy el rey y que estabas aliado con mis enemigos, ¿no podrían simplemente unirse a Arthur Bloodmoon? De esa forma no tendrían que sufrir como Rogues,” le digo en un intento desesperado porque él elija el exilio y de esa forma salve su propia vida.
“¿Crees que Arthur Bloodmoon no sufre en el exilio? Y tampoco debería decirte esto, pero aunque les haya ayudado eso no es garantía de que me vayan a recibir a mí y a mi familia con los brazos abiertos, él sólo quiere a Elina, no a nosotros,” el hombre responde.
“¿Entonces por qué le ayudaste si ni siquiera estabas seguro de que te iba a retribuir el favor?” le pregunto con curiosidad.
“Lo hice por Elina, tan pronto me enteré de que él seguía con vida y estaba intentando llegar a ella, no pude simplemente negarme a darle la oportunidad de irse con el único pariente vivo que le queda,” él me dice.
“Ella está bien aquí con nosotros, no tiene por qué irse con nadie,” respondo de forma casi celosa y él me mira con curiosidad.
“No quiero discutir mis acciones más, simplemente elijo quedarme con la sentencia original, será mejor para todos al final,” él dice, y por alguna razón pareciera que está insinuando algo más.
“Al menos habla con ella una última vez,” le digo con la esperanza de que ella logre convencerlo de cambiar de opinión y él asiente.
“Lo haré si es posible, gracias,” me dice y yo siento que he perdido una batalla antes de empezarla siquiera.
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*** TIEMPO PRESENTE ***
“No te creo,” Elina me dice.
“Es la verdad, cada palabra, te lo juro,” le digo y ella sacude su cabeza.
“No creo una sola palabra de eso, él no haría algo así,” ella dice, pero su voz suena insegura, como si realmente estuviese empezando a cuestionar la veracidad de mis palabras.
Así que doy un paso hacia ella y de nuevo ella retrocede, lo cual causa un dolor que se siente como un puñetazo en el rostro, pero no desisto, doy un paso más, y otro mientras ella retrocede casi al instante hasta que su espalda choca contra un árbol y sus ojos se abren con sorpresa cuando mi mano roza su mejilla.
“Necesito que me creas, he tratado de explicarte lo que sucedió desde hace mucho tiempo porque no soporto que me mires de esa forma, no soporto que creas que haría algo así por voluntad propia, necesito que vuelvas a confiar en mí,” le susurro y noto su cuerpo ponerse rígido con mi cercanía mientras su respiración se vuelve elaborada.