Amir decidió que era hora de hablar con Candy, fue a su recámara y la encontró acostada hecha un ovillo. — ¿Te duele algo? — Si. — El hombre se apresuró a ir a su lado, le retiro el cabello que tenía sobre el rostro y observo que estaba llorando. — Que, ¿qué te duele? Llamare al médico.... — Me duele el corazón, cómo pudiste... — ¿Que? ¡¿Defenderte?! — Romper sus huesos... y quedarte como si nada. — Él merecía más que eso. Te hizo sentir mal, ahora ven, vamos necesitas un baño para relajarte. Candy lo siguió obediente. Amir se encargó de desvestirla, mientras ella permanecía con la cabeza gacha y eso a él no le gustaba en absoluto. Cuando ambos entraron en la tina, y mientras él le pasaba la esponja por la espalda, le preguntó. — ¿Que te sucede? — No... no quiero tenerte mied

