XIV —Particularmente tu futuro sobrino —respondió el Padre—. No sé qué tripa se le ha roto a ese caballero, que hasta parece que nos espía. A veces me entran ganas de mandarle al caramelo doble. Porque si no nos atisbasen él y todo bicho viviente, maldita la necesidad que teníamos de estos tapujos, que no me agradan, hija, no me agradan; porque pueden dar lugar a interpretaciones maliciosas, y no basta ser bueno; hay que parecerlo también. —Es cierto; pero yo, si no desahogaba con usted, creo que me moría. En el confesionario no se pueden explicar bien ciertas cosas. —Corriente; esperemos que Dios nos saque con bien de este fregado... Chiquilla, abre el corazón y dí lo que quieras; aquí está el padre Moreno para oirte y aconsejarte, no ya como confesor, sino como amigo. Lo soy muy de ve

