4. Amarren al fenómeno.

1643 Words
Pasaron días en los que Dayana no se animó a salir de sus aposentos. El rey iba cada vez que podía, iba a verla, a charlar con ella. Ese castillo era demasiado extraño, había muchas puertas cerradas y que olían mal, por lo que rápidamente pasaba a la otra, evitando encontrarse con las personas de ese lugar. El olor a libros llegó a sus fosas nasales y antes de que pudiese llegar al lugar donde estaban, fue interrumpida en su nuevo intento de huida para mantenerse alejada de Thiago, aunque le era molesto, ella debía cumplir lo que esa chica le había dicho. — ¿Qué estás haciendo? —alguien preguntó en su oído, logrando que dejara salir un grito—. Perdón, te veías muy concentrada. — Es que estoy buscando la biblioteca —dijo sintiéndose más pequeña de lo inusual—. No te acerques. — Perdón, tengo curiosidad por saber cómo es que son las omegas, en realidad —el beta la olfateó—. Hueles bien. Soy Simón, seré tu guía y amigo aquí. — ¿Mi qué? — El rey me ha asignado ser tu sirviente persona. Ahora estarás viviendo bajo el mismo techo que nosotros —le sonrió—. Me gustaría saber más de ti, sino es mucha molestia. — También deseo que seas mi amigo —le correspondió la sonrisa—. ¿No vas a salir corriendo ahora que sabes que soy una chica omega? — Para nada —Simón saltó en su lugar—. Estuve ahí cuando llegaste y esa criatura aún sigue con vida, como si nada hubiese pasado. — Entiendo —ella miró la puerta—. ¿Podemos entrar ahí? — Sí —de su bolsillo sacó un manojo de llaves—. Estas son todas las llaves de esta área, porque será fácil entrar sin molestar a nadie… pido perdón por el polvo. — No pasa nada —entraron al lugar—. Esto es enorme —abrió la boca en una perfecta O—. ¿Por qué lo tienen tan abandonado? — Lo tienen de esa manera debido a que solamente están aquí los libros del rey y este casi nunca viene por estos rumbos —el encogió los hombros—. ¿Te gusta? — Sí —asintió, pasando sus dedos por los estantes—. Debo de pedirte algo… cuando esté aquí, se lo dirás al rey y luego me encerrarás. — ¿Por qué debo de hacer algo como eso? — No tengo amigos en este lugar —dijo incómoda—. Nunca he sido bienvenida en ningún lugar y este es el primero. — Entiendo y más aún por lo que pasó con tu desayuno… ¿Puedo llamarte con más confianza? — Sí, por supuesto —se sentó en una de las sillas que estaban ahí—. Te ayudaré a limpiarlo en cuanto tengamos tiempo… me gusta este lugar. — Apenas llegas y ya te gusta este lugar lleno de polvo —estaba extrañado—. Puedes tomar uno de esos libros, el que más te guste e ir a tu habitación para descansar… — Acabo de salir de ahí hace un momento —abrazó el libro—. Busca las cosas para limpiar y regresa para ayudarte. — Haré lo que me dijiste por si alguien viene a molestarte —le sonrió incómodo—. Sé que no tienes amigos y las personas de este castillo aún creen que se morirán si se acercan a ti. Limpiaron el lugar durante horas. Estaban cansados y hambrientos, por lo que Simón fue en busca de algo para comer. Se quedó sola durante ese tiempo, disfrutando de la lectura que poco a poco debía de ir mejorando debido a que su padre le quitó los estudios cuando cinco de sus maestros renunciaron a darle clases a una niña que no tiene por qué existir en este mundo. En la noche, estaba degustando la cena que Simón le había llevado antes de retirarse por su cuenta. Esa noche no vio al Thiago y mucho menos en los días siguientes. La cercanía parecía ser mucho más lejana entre ambos debido a sus compromisos como rey. En todo ese tiempo que no vio al rey, no salió de la habitación, solamente iba a la biblioteca que se mantenía cerrada cuando entraba. Dejó salir un pequeño suspiro, sintiendo como todo su cuerpo se sentía extraño, como si algo malo fuera pasarle mientras estuviese ahí. — Ahí la tienen —la misma beta de antes entró a su habitación junto con otros chicos—. La llevaremos hacia donde están esos mugrosos libros que el rey no quiere. — No se acerquen —se puso de pie, corriendo lejos de ellos—. Si lo hacen, el rey los castigará… — El rey no hará nada por algo sin valor —dos sirvientes la agarraron por el brazo—. Si alguien te encuentra antes de que mueras, será mejor que no digas nada —le amarró las manos—. Porque las piedras que puse en tu comida, no será nada comparado con lo que te haré de ahora en adelante. — Por favor… no les hice nada —se encogió en su lugar—. Déjenme ir… — Shh —le metió un pedazo de tela en la boca—. Cuidado, esto puede lograr que mueras antes — le pasó unas cuerdas a los dos sirvientes—. Amarren al parásito. La amarraron con tanta fuerza, que de seguro le quedarán marcas en su cuerpo debido a las cuerdas. Fue sacada de la habitación y lo único que podía ver era la espalda de esa mujer que tenía las llaves que por supuesto eran de Simón. La puerta de la biblioteca fue abierta y fue llevada hacia el lugar más remoto, en donde se guardaban los utensilios de limpieza que usaba a diario para mantener el lugar limpio. Fue dejada en ese lugar, no sin antes lanzarle agua sucia en cubos una y otra vez, ella se sentía como si en verdad fuera una maldición la que estuviera pagando, desde que tenía uso de la razón, ella fue maltratada hasta por los sirvientes de su padre. No podía moverse, su cabeza comenzaba a dolerle mucho y tenía mucho sueño. Comenzaba a odiar seriamente su vida, ni siquiera estando lejos de su padre podía estar en calma sin que alguien intentara matarla gracias a esos mitos sin bases que todos tenían acerca de las omegas como ella. Esas eran las consecuencias de ser la única hija de un rey despiadado. El rey Thiago, se desocupó de sus deberes al día siguiente, al fin podía descansar. Las cosas en el reino estaban tan tranquilas que le parecía mentira que todos estuvieran haciendo sus deberes sin andar hablando de la persona que estaba cerca de él. Fue en busca de Simón a la cocina, en donde por supuesto no estaba, o eso le dijeron los sirvientes, que lo buscara por sus aposentos. — Mi rey —hizo una reverencia a medias—. No encuentro a su invitada. — ¿Cómo que no la encuentras? ¿La buscaste en el jardín? —lo agarró del brazo—. ¿Qué diablos pasó? — No lo sé —dijo sincero—. Recuerdo que anoche la dejé en su habitación, luego cuando fui a llevarle el desayuno como cada mañana su cama estaba igual que el día anterior, incluso su habitación tenía la puerta abierta. — Mierda —lo soltó—. ¿Sabes algún sitio en el cual le guste estar a Dayana? — Solo me queda buscar en la biblioteca —el alfa frunció el ceño—. La limpiamos al día siguiente de ella llegar —continuó sacando las llaves de su bolsillo—. Siempre se quedaba ahí y cuando se hacía de noche se llevaba algún libro o dos para poder leerlos sin problema alguno. — Entiendo —el rey estaba comenzando a dolerle el pecho—. Vamos rápido. Simón puso la llave en la cerradura, encontrando la puerta abierta. Eso no era bueno. El olor a omega asustada capturó su atención. El primero en ir en busca de la omega fue Thiago siguiendo su olor y también el aroma que estaba dejando salir debido a su miedo. — Dayana —la llamó quitando el cabello de su rostro—. Despierta, pequeña. — No creo que lo haga si ha estado aquí desde anoche —fue todo lo que pudo decir Simón—. Hay que quitarle esas cuerdas y llevarla de regreso a su habitación para que pueda descansar —indicó—. Haré todo lo que esté en mis manos para que esa chica pueda estar tranquila. — Espero que pueda funcionar lo que sea que desees hacer —un suspiro salió de sus labios—. Debes de investigar quien es el causante de que se encuentre de esta manera, no quiero que se quede impune. — No se quedará así, señor —lo ayudó a quitar las cuerda de sus brazos—. Aún no puedo creer cómo es que existe alguien tan malo para hacerle algo así a alguien tan dulce como Dayana. — Tampoco entiendo la maldad del ser humano —la cargó—. Ve por algo para limpiarle la herida, estoy seguro de que nadie va a querer salvarla. — Regresaré antes de que se dé cuenta, mi señor —corrió fuera de la biblioteca. El rey llevó hacia la habitación más cercana a la omega que estaba inconsciente y que le faltaba alimento y agua. Apestaba, ya que el agua que fue arrojada en su cuerpo estaba realmente maloliente. — Dije que te iba a proteger, pero no soy digno de tenerte conmigo.
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