Biancađź’ž Alexander debĂa marcharse por asuntos de su trabajo. Supuesto ya que vender productos ilĂcitos o lo que tenga que ver con droga no era algo bueno, me imagino bien de quĂ© se trataba, Ă©l es un mafioso. SuspirĂ© resignada, asumiendo lo que llevaba tiempo negándome a eso, sin embargo estaba enamorada de Ă©l. Pero antes de dar el siguiente paso, debĂa dejar las cosas claras con Mauricio. Me dolĂa hacerlo, pero ya no podĂa prolongar lo inevitable. Por la mañana, mi abuela habĂa regresado de su viaje. Apenas me vio, me mirĂł fijamente y luego esbozĂł una sonrisa descarada, de esas que te sacan los colores. No tardĂł en tomarme de la mano y llevarme al salĂłn. —¡Muchachas! —llamĂł con esa autoridad elegante que siempre la ha caracterizado—. Tráiganos unos aperitivos y una malteada, por fav

