Trisha se despertó lentamente, con todo el cuerpo relajado tras un sueño profundo. Parpadeó para desperezarse antes de girarse para quedar tumbada de lado y mirar por las ventanas. El sol brillaba alto en el cielo, indicándole que ya era bien entrada la mañana. Trisha usó el brazo a modo de almohada y se quedó allí, mirando las nubes mientras estas danzaban por el cielo claro. Se estremeció al pensar en la noche anterior. ¿En qué había estado pensando? Hizo una mueca. «Está claro que no pensaba», se dijo con desagrado. Los temblores la sacudieron al recordar todas en las formas y el número de veces que habían hecho el amor. Volvió a girarse para quedar bocarriba y cerró los ojos cuando una dulce onda de deseo la recorrió ante los recuerdos. «¡Maldita sea! Estoy volviendo a mojarme solo de

