El horror en los ojos de Luis fue muy grande y la satisfacción que sentí al verlo totalmente asustado fue mayor. Él movió su cabeza de un lado hacia el otro como si no pudiera procesar lo que había escuchado, y eso era algo que me encantaba. Las personas siempre pensaban que era toda amabilidad y que no había un lado oscuro, pero se equivocaban tremendamente. —Entonces ya sabes qué hacer, no me interesa lo que tengas que realizar para pagarme mi dinero. Pero el plazo es de una semana a partir del día de hoy. —No, no puedes hacer esto. Sabes bien que el dinero que nos has dado asciende a varios miles de millones, ni siquiera vendiendo esta casa voy a poder cubrir la deuda. —Te digo que la casa no la puedes vender, la hipoteca la pagué yo y cada uno de los recibos se encuentra a mi nombre

