No, no podía tener miedo de enamorarme y mucho menos amar a Abril. Ella solamente era una mujer común y corriente en la que tenía un interés solo porque era la única capaz de salvar mi empresa. —Si no es eso, ¿Entonces qué es? No puedes negar la existencia del diablo solo porque crees que de esta manera vas a estar a salvo de él. —Leo, en serio. Necesito que busques el sitio en el que se encuentra Abril. Pagué una deuda que ella tenía y es momento de que comience a pagar. —Ya sé muy bien lo que planeaste con la pobre Abril, eso me hace saber que te encuentras enamorado de ella y lo estás negando solo por tu filofobia. —Te juro que cada vez aprietas más los cables y estás a punto de que se revienten. —No, no comiences. Ya sé en qué sitio se encuentra Abril, pero no pienso decirte nada

