Luego de algunas semanas, pude sentir cómo aquella fisura había desaparecido por completo. La convivencia con Gabriele había sido tolerable, en algunas ocasiones tuvimos altercados, pero nada grave. —Bien —me levanté de la cama —, creo que es hora de irme, hay cosas que debo de hacer. —Y ahí vas de nuevo, a correr a los brazos de Mateo —Gabriele giró sus ojos —. En fin, tú decides qué hacer y qué no. —Exacto, yo decido qué hacer y qué no. Tomé mis cosas y salí corriendo, no quería que Gabriele nuevamente me volviera a detener. Solo quería hacer aquellos planes que tenía desde un inicio, no depender de nadie y buscar un nuevo cambio. —Vamos, Abril. Tú puedes hacer todo esto sola, en serio que sí. Llegué a la salida y tomé un taxi, le di la dirección de mi apartamento. En el camino iba

