4: La pelos falsos

1707 Words
Me repetía, una tras otra vez, que no debía llorar, que debía de ser fuerte. Pero al final no pude, mi mamá lanzó un largo suspiro y puso sus ojos en blanco al ver mi reacción. —En serio que eres dramática, deja de hacer tanto alboroto solo por una simple cosa que te digo. Ni que fuera para tanto, marranita. —Señora, ¿En serio se puede llamar a sí misma humana? —Mateo me hizo a un lado y se puso delante de mi madre —tanto usted, como su marido, como su hijastra, son unos parásitos que dependen de Abril, siendo el único pecado de ella ser demasiado buena con gente tan mierda como usted. —¿Cómo te atreves? —ella miró a Mateo con rabia —. En serio que tus padres hicieron un pésimo trabajo al criarte, lo bueno que ya se murieron. —Muy bien, tiene razón —los ojos de Mateo se pusieron fríos y sus labios se curvaron en una sonrisa que daba miedo —justo porque mis padres me criaron tan mal es que voy a hacer esto. Mateo tomó a mi mamá del cabello y la sacó al pasillo, ella se agitaba con fuerza y al ser lanzada afuera se sintió totalmente humillada. —Tenga, esto es suyo. Mateo tiró una de las extensiones de mamá y cerró la puerta justo en su cara. Cuando miré a mi amigo, él movió la cabeza de un lado hacia el otro mientras mordía sus labios. —En serio, que no sé cómo es que les tienes tanta paciencia. Juro que el día que les toque recibir un poco de su merecido, voy a hacer una fiesta que va a llegar hasta el amanecer. —Mateo, espero que seas consciente de que esto va a traer consecuencias para mí. No puedes vivir haciendo cosas sin pensar en las consecuencias. —Lo siento… Es solo que… ¡Esa vieja es insoportable! No puedes esperar que me quede de brazos cruzados viendo cómo te agreden. —Sé bien que lo que hiciste no fue con mala intención, no te preocupes demasiado que voy a ver de qué manera afronto las cosas. Creo que bien puedo darle un poco más de dinero a mamá para que me deje en paz. —Abril, en serio que eres demasiado buena. Ahora vamos, tienes que comer —él tomó mi mano —, no vamos a dejar que ese corte de carne se eche a perder solo por culpa de la pelos falsos de tu madre. No quería comer, en serio que no. Pero tampoco podía permitir que Mateo hiciera semejante gasto en balde, así que al final terminé por comer. —Ahora quiero que me digas qué fue lo que pasó con el sujeto con el que saliste. Dime con toda sinceridad las cosas y no me ocultes nada. —Nada, es solo que me dijo que meses atrás me había visto más delgada. No dejo de hacerme preguntas si tenía ganas de entrar al gimnasio, qué era lo que comía y todo ese asunto —lancé un suspiro pesado —incluso me llegó a decir que él me podía entrenar, que sería su proyecto personal y que iba a ver muchos cambios en corto tiempo si le hacía caso a todo lo que me mencionaba. Al final de cuentas la cita fue espantosa y prefiero quedarme sola a estar lidiando con ese tipo de preguntas. Te dije que era una mala idea abrir un perfil de citas, pero tú te pusiste de necio diciendo que no lo era y ya ves. —Pero no te des por vencida, en serio a veces corres con suerte. —Mateo, el día que Dios repartió la suerte yo simplemente no llegué a tiempo. Te juro que durante muchos años me he preguntado qué marca de sal seré para que me pasen tantas cosas… Incluso estoy pensando en preguntarle a mi mamá si es que me parió en el mar o nuestra familia desciende de los que le dieron de azotes a Jesucristo. —Deja de decir tonterías —Mateo comenzó a reír —no entiendo cómo es que sigues soltera, tienes una personalidad demasiado genial. —Es porque soy gorda, no te hagas el tonto —me levanté de donde estaba sentada y tomé los platos —incluso estoy segura que tú me rechazaste por eso. —No digas eso… Lo mío fue por otro motivo… Jamás te rechazaría porque eres gorda. Me limité a sonreír, sabía muy bien cuáles eran los gustos de Mateo. Conocí a muchas de sus conquistas cuando teníamos que salir, aunque tengo que decir que jamás trajo a alguien al apartamento, así que de cierta manera eso me daba un alivio. Dejé los platos en el lavaplatos y luego me fui a sentar al pequeño sofá que tenía a la orilla de la ventana. Sentí como el aire acariciaba mi mejilla herida y también mi labio. —Dame lugar —Mateo se sentó delante de mí con un botiquín —eso se ve feo, quiero que me dejes curarlo. Él lo hizo, al final me dio un chocolate de los que me gustaban y me limité a sonreír. Suspiré pesadamente y la preocupación vino a mi pecho. —No sé cómo le voy a hacer para costear los gastos de la boda de Camila, soy consciente que ella es de gustos caros y se va a desquitar conmigo por lo que pasó en su pedida de mano. —No tienes que pagar un solo centavo, debes de comenzar a tener consideraciones contigo misma. Recuerda que cuando no eres cruel con los demás, eres cruel contigo misma. —Mejor voy a trabajar —me levanté del sofá —al final de cuentas con todo el gasto que se me va a venir encima con la boda de Camila, es lo mejor que puedo hacer. —Escucha, sé bien que no puedo evitar que apoyes a tu hermanastra debido a la presión de tu madre. Pero quiero pedirte que consideres el hecho de que tanto apoyo le puedes dar, al menos cubre una parte de los gastos, sin embargo no todo en su totalidad. —Lo voy a considerar, ahora me retiro a trabajar —miré la hora —por favor no me molestes a no ser que sea una urgencia. Me encerré en mi habitación, comencé a revisar los pendientes que tenía y aunque no eran muchos pues decidí hacerlo. Mis dedos se movían con agilidad mientras veía muchos códigos, este era mi mundo, la informática y vaya que era buena en lo que hacía, mi especialidad era ciberseguridad y eso me daba acceso a informaciones privilegiadas de las empresas. —Muy bien —me estiré con pereza en mi silla y apagué el equipo —es hora de ir donde mamá. Dios, enserio que necesito llenarme de mucha paciencia para poder soportarla… Solo espero que su marido no se encuentre, en serio que no… Ya sería mucho aguantar a ese trío de idiotas. Me levanté y tomé mis cosas, no quería ir. Pero sabía bien que si no lo hacía era probable que ella iba a venir aquí a armar un escándalo, haciendo que Mateo terminará por pelear y no sabía qué consecuencias podría venir con ello. —¿Ya te vas? —Mateo preguntó mientras le daba un sorbo a la taza de café y usaba su traje para ir a la oficina —pensé que ibas a demorar más tiempo. —Lo mejor es salir pronto de esto —tomé la taza con café que él me extendió —no es fácil ser hija de mi madre, en serio que no. Mateo no dijo nada, él sabía muy bien cuál era mi sentir. Al final de cuentas había vivido conmigo por más de una década. —Muy bien, ahora si me voy —dejé la taza de café a medias —deseame suerte. —Espera un momento —él se acercó a mí y me extendió una bolsa negra —vas a necesitar esto. —¿Qué cosa es? —Agua bendita, un crucifijo y un rosario con la medalla de San Benito. Lamentablemente no pude conseguir balas de plata, no son tan fáciles de conseguir y muchos te quedan mirando como si estuvieras demente cuando las pides. —¡Mateo! Solo voy a ver a mi madre. —Sí, por eso. Miré a Mateo con reproche, al final dejé la bolsa en la encimera y salí del apartamento. Vi mi carro, era un escarabajo que de milagro podía andar, pero no me podía permitir comprar un coche nuevo. —Vamos donde mamá —me subí al carro y sentí como el ambiente se volvió tenso —lo sé, no te gusta ir donde ella. Al final salí con mi carro y finalmente llegué a la zona residencial donde mamá vivía. El guarda de seguridad me dejó pasar como siempre, al final de cuentas no era la primera vez que venía aquí y ya todos sabían la clase de carro que tenía. —Señorita Abril —una de las empleadas salió a mi encuentro —sea bienvenida, la señora y la señorita la están esperando en la piscina. Sonreí a modo de agradecimiento, los empleados de esta casa me querían incluso más que mi madre. Por eso las bienvenidas no eran hostiles para mi buena suerte. —Buenos días, mamá —saludé mientras la veía tomar una mimosa con sus lentes puestos —me encuentro aquí para hablar de la boda de Camila. —Hasta que por fin esta marrana inicia con algo bueno —Camila me miró con desdén —no va a ser necesario que te demores mucho tiempo, por allá tienes la lista de todos los gastos totalmente detallados. Toma eso y vete. Caminé en dirección a la mesa que se encontraba a unos cuantos metros, al abrir la carpeta que yacía ahí por poco me da algo al ver la cantidad final de todos los gastos. —Camila, lo siento demasiado, pero yo no tengo diez millones de dólares para cubrir todos los gastos de tu boda. Puedo dar 2.5 millones y estoy siendo generosa…
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