Pensaba que este tipo de cosas solo pasaban en los libros, pero aquí tenía a un hombre a mi lado que no dudaba a la hora de mostrarme ante los demás. —Espero que quieras ir, yo quiero que vayas. Pero si no es así, simplemente cancelo y me quedo aquí contigo. —Claro que quiero ir, pero no tengo idea de qué es lo que puedo usar. —Por eso no te preocupes —él deslizó su brazo en mi cintura y me acercó a su cuerpo —. Yo me hago cargo del resto, al final de cuentas soy el hombre y se supone que tengo que resolver. —Te juro que estás poniendo la bandera muy en alto y cuando me dejes, va a ser imposible que alguien pueda alcanzarte. —¿Y quién te ha dicho que quiero dejarte? —Su voz sonaba segura mientras su nariz rozaba la mía —entiende que no soy la clase de hombre que cambia de mujer mes a

