Capítulo 8 - Noah

2473 Words
Arremetida tras arremetida. Embisto sin clemencia una y otra vez, mientras en mi mente no dejo de reproducir el recuerdo de lo que sucedió una hora antes. Pensar en la suavidad, la calidez, la humedad, y los gemidos de esa mujer, hace posible que prescinda de la ayuda de Clementine. Imaginar que es Eun-Yeong a quien follo con vehemencia, me pone a mil. Leah gime y se retuerce de placer debajo de mí, mientras la penetro por detrás. —Sí, así. Me encanta sentir tu polla bien profunda —jadea la rubia. ¡Madre mía! Con lo que me gusta que me hablen sucio, pero viniendo de quien viene, me corta el rollo en el acto. Tengo que hacer un esfuerzo sobrehumano para concentrarme en mi erección. «Los diez mil dólares valen la pena», me repito una vez más. «Cada vez más cerca de lograrlo», reitero mi mantra personal. —¿Así? —Siseo, mientras sigo embistiendo con fuerza—. Estás tan apretadita —tenso mi mandíbula. —Me corro. No te detengas —musita ella—. Que rica polla tienes —continúa hablando, ciñéndose al guión. Cierro los ojos con fuerza y trato de no acabar aun, pero es imposible. La imagen de Eun-Yeong aparece en mi cabeza y me arrastra al borde del clímax. ¡Cielos! Esos pezones rosados, esa boquita recorriendo la punta de mi pene, ese coñito tan estrecho y dispuesto a complacerme… ¡Joder! No puedo soportarlo más. Salgo con rapidez del interior de Leah y ella se incorpora con un movimiento raudo para que me derrame sobre su rostro. Ella lame y se relame, mientras mira directo a la cámara que acercan a su cara. Se pasa las manos por donde ha caído mi semen y se lo esparce por sus senos. Continúa tocándose por unos cuantos segundos más, hasta que oímos la palabra mágica. —¡Corte! —vocifera Josh. En cuanto el camarógrafo deja de grabar, una mujer muy alta y morena, aparece de la nada, con un albornoz blanco para Leah. Ryan se acerca a mí y me proporciona una toalla para que me seque el sudor, acto seguido, me da una palmada en el hombro. —Muy bien —dice en tono apremiante—. Lograste sobrevivir a Leah Red —dice casi susurrando, una sonrisita socarrona se asoma en sus labios—. Diez escenas más con ella y podrás olvidarte de unas cuantas deudas y tomarte unas merecidas vacaciones. Lo miro con cara de pocos amigos. —Ja ja —rio con desgana—, mira como me desternillo de risa con tu mal chiste —dejo escapar un suspiro de frustración—. Una escena más con esa mujer y te juro que me vuelo los sesos —hablo muy bajito para procurar que nadie más, además de Ryan, me escuche. —¡Oh vamos! No es tan malo. Ella es… —Ella es preciosa, pero no soporto su forma de ser —lo interrumpo. Ni Leah ni yo cruzamos media palabra. Ya no hace falta actuar ni fingir. No somos amigos, solo somos dos personas que han tenido sexo duro frente a un montón de personas, por una cuantiosa suma de dinero, y para el sano disfrute de los suscriptores de Brazzers. Sin perder tiempo me dirijo al baño. Necesito darme una ducha con agua tibia para relajar mis músculos. A estas alturas del día, ya comienzo a tener agujetas, debido a la excesiva actividad física que he tenido. Casi media hora después, Ryan me espera en la salida, para ir a almorzar y luego llevarme al concesionario, donde pasaré recogiendo mi auto. —Llamé a la diseñadora de interiores y me dijo que desea reunirse contigo para finiquitar los detalles de la decoración. Quiere saber si deseas madera o metal para las puertas —dice mi amigo. —El metal es más funcional y más duradero —respondo. —Sí, pero ella dice que la madera le aporta un toque más asiático, así como tú lo deseas. —Entonces que use ambos, ¿no puede? —clavo la mirada en el espejo retrovisor lateral del auto. —El presupuesto se incrementará. —La llamaré y pautaré una reunión con ella mañana —murmuro. En un momento de nuestra conversación, dejo de prestarle la atención que merece. —Vale —escucho que dice—. Cambiando de tema. Josh me dijo que enviará el cheque mañana —dice mi asistente al cabo de un rato—. El pago de las últimas tres escenas —continúa hablando. Yo me limito a asentir con la cabeza—. Me preguntó si tenías algo pautado para la semana que viene y le dije que no, así que quiere que grabes un trio con Cindy Star y Melina Black, ¿quieres hacerlo?—vuelvo a asentir—. También me habló de hacer algunas escenas inspiradas en unas novelas de una autora española. Sus libros se han vendido como pan caliente en sss —prosigue—. Si aceptas, te estaría enviando el guión esta misma noche. —Está bien —musito. Estoy perdido entre mis pensamientos. —Me dijo también que está pensando en incursionar en el porno gay, y que quiere que tú ruedes una escena con un hombre de color, que mide casi dos metros de alto —muevo mi cabeza de manera afirmativa. No pongo atención a lo que dice Ryan—. Será b**m. Él será el amo y tú el sumiso. —De acuerdo. Está bien —murmuro, abstraído en mis cavilaciones. —¡Joder! Despertaste esta mañana con ganas de salir del armario o de plano no me estás prestando atención. —Me parece bien —murmuro. —¿Te parece bien? —Noto que Ryan me mira con confusión. Sin embargo, decido ignorarlo—. ¿Pero qué carajos? Noah, ¿estás oyendo lo que digo? Estoy tan entretenido mirando por la ventana del auto y pensando en Eun-Yeong, que no me tomo la molestia de voltear y a ver a mi amigo. No logro entender porque no dejo de pensar en esta mujer. Solo pienso en volver a verla y… —¡Noah! —el grito de Ryan me hace dar respingo. —¿Qué sucede? ¿Por qué gritas? —Me giro de golpe. Una mueca de espanto se refleja en mi rostro. —Te estoy hablando y no me estás escuchando. —Si te estoy… —¿Qué acabo de decir? —Hablabas de…—dejo la frase a medias, pues no tengo ni idea de que estaba hablando Ryan—. Me-me de-decías que… —balbuceo. —Te estaba diciendo que Josh quiere que grabes un trío con… —Lo siento, Ryan —lo interrumpo—. ¿Podríamos dejar lo que sea que quiera Josh para cuando regrese de Canadá? Necesito contarte algo que me pasó esta mañana —sacudo la cabeza con fuerza, tratando de despejar mi mente. —Te oigo —me apremia, aferrando sus manos al volante y sin despegar la vista del camino. —No llegué tarde hoy por la avería en el subterráneo —sacudo la cabeza levemente—. Bueno, si fue por eso —replanteo la frase—, pero esa no es toda la verdad. Lo cierto es que conocí a una mujer preciosa en el vagón. Noté que desde que entró, le llamé la atención y que… —¡Vaya! Una mujer atraída por ti a primera vista. Eso sí que es raro —percibo mucho sarcasmo en la voz de Ryan. No puedo evitar partirme de risa. —Lo cierto es que terminamos teniendo sexo y… —Tú estás muy loco —estalla mi asistente—. Un día de estos vas a pescar una enfermedad rara. —No digas estupideces, sabes muy bien que siempre me cuido. Disfruto del sexo, pero de manera segura. ¿Por quién me tomas? —Te tomo por Noah Levesque, un hombre que se puede dar el lujo de tener a la mujer que desee, cuando quiera, donde quiera y como quiera. —Corrección. Scarlet Johansson me rechazó. —Solo después de saber que trabajas para la industria del porno, y porque su agente le dijo que relacionarse contigo mancharía su imagen. Si ella no tuviera contrato con Marvel, y por ende con Disney, estoy seguro que la habrías sumado a tu lista de conquistas —sacude su cabeza suavemente—. Es más, dudo mucho que no haya pasado nada entre ustedes esa noche —Sería el primer hombre en el mundo, que no se jactaría de haber estado con Johansson. —Quizás ella te obligó a firmar un acuerdo de confidencialidad. —¿Es que acaso no va a pasar un solo día de mi vida en que alguien de mi entorno no haga una referencia a esas novelitas? —pongo los ojos en blanco. —¿Qué tienes en contra de ellas? A mí me gustan. —Eso es porque eres un poco gay. —Cretino —espeta—. Yo no soy gay. Me vuelvo a carcajear. —¡Oh vamos! ¿Ni un poquito? —Inquiero entre risas—. Que estés casado no quiere decir que… —Cállate —masculla Ryan—. ¿Me vas a hablar de tu polvo casual, sí o no? —¿Qué te puedo decir? —Me encojo de hombros—. Eun-Yeong es… —¡Wow! ¿Eun-Yeong? —Ryan me lanza una rápida mirada de reojo, mientras continúa conduciendo—. Tenía entendido que lo excitante del dogging es no saber el nombre de la persona con quien estás. —No definiría lo que pasó como dogging, pues lo hicimos en un lugar donde nadie pudiera vernos, y debo confesarte que… —atropello las palabras—,lo que sentí al tocar su piel me llevó a un estado de frenesí que… —no soy capaz de describir lo que pasó con palabras—. Sentí la imperativa necesidad de tenerla en cuanto la vi. Ella me miró y algo dentro de mí se removió. Algo muy extraño que... —No me jodas, Noah, no me estarás diciendo que te enamoraste a primera vista. —¿Enamorarme? ¿Yo? —Frunzo el entrecejo—. ¿Acaso te despertaste hoy con la convicción de romper el record Guinness de decir más estupideces en menos de una hora? —Ahora me dirás que le pediste el número telefónico y que la llamarás para invitarla a cenar y… —¿Pero qué dices? Yo no pido número de teléfono a las mujeres ¡Ellas son las que me lo piden a mí! —¿Y te lo pidió? —percibo malicia en la pregunta de mi amigo. Entornó los ojos y lo miro de soslayo. —No —respondo—. Pero sé que moría de ganas por hacerlo. Ryan menea la cabeza con indignación. Yo me callo. —Si no fuera porque eres mi amigo y porque te quiero, te doy un puñetazo en la nariz por ser tan arrogante. —Arrogante y todo, me amas —bromeo y le guiño un ojo—. Hablando de llamar; debo marcarle a mi hermana para decirle que viajaré la próxima semana. —¿Pero es que de verdad no me oíste ni un poquito? Josh quiere que grabes dos escenas la semana que viene. La boda de tu hermana no es sino hasta dentro de quince días. —¡Vale! No tienes por qué ser tan gruñón —mascullo y me encojo de hombros, a la vez que saco mi móvil del bolsillo de mi pantalón y desplazo la lista, buscando el número de mi hermana. —Por cierto, ¿Qué harás el domingo en la noche? Me encojo de hombros. —Hasta el momento no tengo planes de ningún tipo —respondo. —¡Genial! Entonces te invito a cenar en casa. A María le agradará mucho que vayas. —¡Vale! Iré —digo—. ¡Oh diablos! —exclamo con una sonrisa en los labios al oír que comienza a sonar Fear of the dark de Iron Maiden en la radio—. Esto sí es música —agrego, subiendo un poco el volumen—. No la porquería que escucha hoy en día la juventud de este país. Noto que Ryan sonríe con malicia, pues apoya mi moción. Ambos somos unos locos adictos al buen heavy metal, así que cuando la canción ronda el minuto con cuarenta segundos y estalla el sonido de la guitarra, los dos comenzamos a mover la cabeza al ritmo de la música. ♫ ♪ Have you run your fingers down the wall And have you felt your neck skin crawl When you're searching for the light? Sometimes when you're scared to take a look At the corner of the room You've sensed that something's watching you ♫ ♪ La voz de Bruce Dickinson es endemoniadamente buena, por lo tanto no nos cuesta nada comenzar a corear la canción a todo pulmón. ♫ ♪ Fear of the dark Fear of the dark I have a constant fear that something's always near Fear of the dark Fear of the dark I have a phobia that someone's always there ♫ ♪ Este es el tipo de cosas que me hacen amar a mi amigo Ryan. La complicidad entre nosotros, y el hecho de que no se corta a la hora de hacer locuras de este estilo conmigo. La música suena a un volumen muy alto, y los peatones nos miran con el entrecejo fruncido a la vez que cantamos y movemos la cabeza como si estuviéramos en un concierto. —¡Oh rayos! —Mi sonrisa se hace más amplia cuando la canción de Iron Maiden termina y comienzan a sonar el inconfundible riff de guitarra acompañado por el sonido de un Hi-Hat, característico de Thunderstruck de AC/DC—. Sube el volumen —le pido a Ryan, gritando, mientras retomo la tarea de mandarle un mensaje a mi hermana. Decido llamarla luego, y disfrutar el rato rockero con mi buen amigo. —Ya lo tiene todo —vocifera él. —Ohhh ohhhohhh —comenzamos a cantar al unísono, y a sacudir la cabeza suavemente. Ryan da leves golpecitos al volante. —¿Pero qué coño? —digo entre dientes, dejando de cantar en el acto. Un contundente Thunder sale de la boca de Ryan, mientras yo frunzo el entrecejo y miro la pantalla de mi móvil con mucha confusión. Tengo muchos nombres de gente que no conozco. Me detengo al llegar a la letra “p” y ver un contacto llamado Pequeño monstruo. Abro mis ojos como platos al recordar algo. ¡Nunca le regresé la sim card a Eun-Yeong!
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD