Capítulo 16 - Noah

1987 Words
Vuelvo a pensar en lo que hice esta tarde, y me cuestiono que tal vez es un completo disparate. En cuanto oprimí la tecla para enviar el mensaje, sentí algo muy parecido al arrepentimiento y me vi tentado a enviar otro mensaje retractándome, decir que me ha surgido algo de imprevisto. Sin embargo, algo muy dentro de mí, me dijo que no lo hiciera, que dejara que las cosas fluyeran… que debo dejar que esta mujer se meta muy dentro de mí… Un sonido agudo me hace dar un respingo. Es la alarma del horno, anunciándome que el salmón ya está listo. Tardé un largo rato en decidirme que cocinar, puesto que no conozco los gustos de Eun-Yeong, aunque intuyo que no es vegana ni vegetariana. Recordar la forma en que se deleitó comiendo su tocino, esta mañana, me lo dejó bien claro. Además, el pescado es una buena opción para cenar, acompañándolo con un delicioso vino blanco y una charla amena. Por muy extraño que parezca, no pienso en esta mujer como un cuerpo caliente con el cual puedo saciar mis necesidades de hombre, sino como una mujer interesante con la que me agrada pasar el tiempo. Además, hace que mi mente sea curiosa y despierta mis ganas de querer saber más y más sobre ella. Tomo los dos agarradores de tela y saco el recipiente del horno. Inhalo profundo, impregnándome con el delicioso olor del ajo, la cebolla y el aceite de oliva. Cierro los ojos y disfruto del momento. Amo cocinar, y más cuando lo hago para una mujer. Me excita saber que puedo seducirlas por medio del paladar. Al abrir los ojos, me encuentro con Dante, quien me mira con esos ojitos pedigüeños. Niego con la cabeza. —Hoy tampoco, amigo —le digo, a la vez que lanzo una rápida mirada a su bol de comida. Está repleto de alimento para perros. Tal cual lo deje al llegar a casa—. No has comido nada. Eso quiere decir que no tienes hambre. Dante gime y se echa a mis pies, da una vuelta y me enseña su blanca y muy peluda panza. Es un manipulador de primera. Vuelvo a negar con la cabeza. —No me vas a convencer —lo miro de forma reprobatoria—. Además, es pescado. El yodo te hace daño. Él se incorpora con un movimiento raudo, clava sus ojos grises sobre mí y ladea la cabeza. A continuación, ladra. Es su forma de protestar por no salirse con la suya. Miro el reloj en mi muñeca y el corazón se me acelera al percibir que faltan solo quince minutos para la hora pautada. ¡Eun-Yeong llegará en cualquier momento! Deseo con todo mí ser que todo salga bien. «Anhelo tanto verla». Pongo el salmón sobre una bandeja plateada y lo adorno con algunas hojitas de menta. Sirvo el risotto en un recipiente de cerámica y llevo ambas cosas a la mesa, donde los acomodo en el centro de la misma. Me cercioro que los platos, los cubiertos y las copas estén en el sitio correcto. Quiero causar la mejor impresión. ¿Por qué? No tengo ni la más mínima idea. Solo sé que esta mujer me importa de una forma diferente a como me han importado el resto de féminas con las que he tenido sexo. Me acerco al estante de vinos y me lo pienso un momento antes de elegir un delicioso Sauvignon Blanc, dulce y ligero para cualquiera, en caso de que mi cita no sea una ávida bebedora de licor. Antes de ir a dejar la botella sobre la mesa del comedor, me detengo frente al refrigerador. Lo abro, reviso la tarta de chocolate blanco y me aseguro que haya cuajado a la perfección. La toco con mi dedo índice y sonrío complacido ante un trabajo bien hecho. De camino al comedor, chequeo mi imagen en uno de los tantos espejo que tengo por toda la casa y me acomodo la camisa. Me paso la mano por el cabello y arreglo algunos cabellos rebeldes. Veo a Dante en el reflejo. Sigue cada uno de mis movimientos con su mirada. —¿Qué tal luzco? —le pregunto al can, como si me fuese a responder. Lo único que logro es que menee la cola—. Espero que hoy te portes muy bien —me acerco a él y le alboroto el abundante pelo de su cabeza. Me acerco a la mesa y dejo la botella de vino sobre ella. Camino a la cocina y me lavo las manos. Llevo mi mano derecha al frente de mi boca y compruebo mi aliento. Vuelvo a sonreír y trato de relajarme un poco. Miro de nuevo el reloj en mi muñeca. Faltan solo cinco minutos para las ocho de la noche. ¡Dios! No entiendo porque me siento tan nervioso, y a la vez tan tonto. Me cuestiono si ha sido buena idea decirle a Eun-Yeong que venga a mi casa, si apenas nos conocemos. Muy bien, pude elegir un lujoso restaurante, pero no quiero dar la impresión de que la estoy cortejando, porque… ¿eso es lo que hago? ¡Joder! Hace mucho tiempo que no hago este tipo de cosas. Siempre trato de mantener distancia con las mujeres, para que no crean cosas que no son y terminen adoptando el papel de novias psicópatas. Tampoco quiero correr el riesgo de que alguien me reconozca como Dylan Brooks, y termine arruinando mi velada. Y aprovecho para aclarar otro punto, porque sé que deben estar pensando que soy un IDIOTA (sí, en mayúsculas y subrayado) por no pasar buscando a Eun-Yeong, en vez de enviarle mi dirección para que ella viniera hasta aquí; pues la explicación es muy sencilla. Yo no busco a las mujeres. Esa es otra de mis reglas. Sí, sé que suena pretencioso y un tanto ruin, pero la verdad es que por mi estilo de vida, no puedo darme el lujo de tener algo serio con nadie, así que no alimento las ilusiones de nadie, dando una impresión de galán de otoño, si al final solo me importa una cosa. Que las mujeres tengan clara mi posición desde el principio, siempre ayuda a la hora de decir adiós. Soy un hombre práctico. Solo eso. Además, siempre me ha gustado comprobar el grado de interés que despierto en las mujeres. No sé. Nutre mi ego. Hasta el momento, lo más cercano que he tenido a una pareja, es Emilia Rotten, una preciosa morena que conocí hace trece años, cuando estaba comenzando en la industria del cine para adultos. Nos conocimos durante el rodaje de una película, donde ambos concordamos. Ella era mucho mayor que yo. En esa época me sentí deslumbrado por la experiencia de esa mujer. Fui un alumno muy acomedido. Nuestra “relación” duro tres años. Tiempo de idas y venidas, rupturas y reconciliaciones, hasta que llegó el momento en el que ambos descubrimos que estar juntos solo nos traía problemas. El sexo era genial, pero lo nuestro no tenía futuro. La ambición de ambos, jugó un papel fundamental. Así que decidimos ser amigos que de vez en cuando follan. Sin compromisos ni complicaciones. Me siento en el sofá de la sala y espero. Mientras lo hago, no puedo evitar sumergirme en mis pensamientos... Tengo que grabar dos escenas la semana que viene; debo viajar a Canadá para la boda de mi hermana, la semana siguiente; necesito hablar con Ryan para que contacte con mi abogado, a fin de gestionar todos los permisos que aún nos faltan por conseguir para la apertura de mi restaurante. Sé que el mundo del porno no me durará para siempre. Un día despertaré con el cabello cenizo, arrugas en el rostro y la polla flácida. Soy realista. Por eso, tengo un plan b. Deseo mi propia línea de restaurantes en las principales ciudades del país, y convertirme en uno de los referentes de gastronomía macrobiótica en el mundo. Pero por el momento, comenzaré con uno en el corazón de Los Ángeles, cuya temática entre oriental y mediterránea, de por sí, marcará tendencia. En un par de semanas, No Temptation abrirá sus puertas, para darles la bienvenida a comensales de todo el mundo. Al menos esa es la idea. Es algo en lo que he estado trabajando desde hace dos años. La idea nació una tarde, después de entrenar, cuando el hambre hizo acto de presencia. En ese momento deseaba comer algo sano, pero a la vez delicioso. Para mi pesar, Ryan y yo terminamos comiendo en un lugar donde ofrecían comida baja en grasas y calorías, pero también en sabor. Ese día tuve una especie de revelación. ¿Y si existiera un lugar donde pudiera comer algo delicioso, sin sentir remordimiento por una alta ingesta calórica? ¿Y qué tal si, aunado a eso, el lugar contara con un área dedicada al asesoramiento en cuanto a temas de salud y bienestar? Una mezcla perfecta de mis dos pasiones, dando como resultado un concepto muy innovador. —¡A por ello, Noah! —Me dijo Ryan—. Si eso es lo que deseas hacer, cuenta conmigo. Y desde entonces me avoqué en cuerpo y alma a lograrlo. Accedí a hacer algo que no hice hasta entonces: instruir de manera individual a un reducido grupo de clientes. Por el momento solo entreno a cinco personas, aunque llegué a un punto en el que atendía hasta diez personas por día. Al principio no me acostumbraba a la idea, pero la paga era una buena motivación. Sin embargo, con el tiempo, el desgaste físico se hizo muy evidente y tuve que reducir mi número de clientes. Ser entrenador personal en una ciudad donde el 80% de la población, sueña con lucir como modelos de revista, es algo que jugó a mi favor. Además, procuré aceptar cada escena que me ofrecían, siempre y cuando estuviese dentro de lo aceptable para mí. Rechacé una cuantiosa suma de dinero por hacer mi “debut” en el porno gay, pues hay ciertas cosas que el dinero no puede comprar; y mi heterosexualidad, es una de esas cosas. Por lo visto, una encuesta realizada por diversos portales web me señalaron como el straight pornstar más deseado por los ávidos fanáticos de este tipo de pornografía. El morbo por verme a merced de Justin Casttle, el actor de porno gay número uno del momento, se acrecentó con el paso de los días, y las ofertas subieron. Me llegué a sentir como un objeto en subasta. Tal vez, si hubiese aceptado los cincuenta mil dólares que me ofrecieron al final, habría logrado reunir el dinero para la apertura de mi restaurante, mucho más rápido, pero no me arrepiento en lo absoluto. En el transcurso de todos estos meses, he ahorrado cada centavo para poder hacerlo, y ha valido la pena cada esfuerzo hecho. Es cierto que vivo en una hermosa casa y tengo un auto del año, pero mi vivienda tuve que hipotecarla como garantía para un préstamo. Y les recuerdo que aún Monique no es del todo mía. Todavía me tocan pagar seis cuotas. ¡Vamos! Que aunque pueda darme ciertos lujos y complacer ciertos caprichos, no soy millonario. Al menos, no aún. Mi secreto ha sido ahorrar. Poseo una buena cantidad de dinero ahorrada. No obstante, todas estas cosas pasarán a ser nimiedades en cuanto el restaurante despegue. Me alcanzará para salir de todas mis deudas, ¿y quién sabe? Tal vez me retire del mundo del cine para adultos. Eso todavía no lo he decidido. Doy un respingo sobre el mueble, saliendo de mis cavilaciones, cuando el sonido del timbre resuena en toda la casa, acompañado de los ladridos de Dante. Mi corazón se acelera y sonrío como un niño pequeño ante la idea de volver a ver a esa preciosa dama de ojos rasgados.
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