El corazón le late a toda prisa, y de repente los oídos comienzan a zumbarle. Es la manera en que su cuerpo reacciona cuando está muy nerviosa. Su cerebro intenta procesar lo que está ocurriendo. ¡La ha llamado! Al fin y al cabo, él se comunicó con ella. —Sí, soy yo —masculla. Percibe que su voz suena pasmosa y carraspea la garganta para aclararla—. Hola, Noah —dice las palabras con rebuscado aplomo. Oír su nombre, proveniente de esa boca hermosa que no se cansó de besar y morder la noche anterior, produce que su presión arterial se eleve por las nubes y las manos le comiencen a sudar. ¿Qué coño le está pasando? Jamás una mujer ha tenido ese poder sobre él. —¡Hey! ¿Qué tal? —él trata de sonar lo más informal posible, pero percibe que suena como un completo imbécil—. ¿Cómo estás? —cie

