Capítulo 5

1834 Words
Él sonríe con arrogancia, pues percibe lo ansiosa que está la mujer. Desea escucharla implorar, así que restriega la punta de su m*****o contra la húmeda abertura, hasta que ella diga las palabras mágicas. Eun-Yeong emite un quejido de protesta. Noah ríe divertido ante la idea de torturarla de una manera tan exquisita. Vuelve a restregar la punta de su pene contra el palpitante órgano femenino, sin dejar de masajearla con su otra mano. —¡Madre mía! —musita ella—. Vas a hacer que me dé un infarto —jadea y deja caer su cabeza hacia delante. La sacude un poco para aplacar un poco su excitación. Sus manos están apoyadas en la pared. —Tan solo debes pedirlo, nena —susurra él, con voz pasmosa. —Te lo pido —masculla Eun-Yeong—. ¡Joder! Por favor. —Tus deseos son órdenes, hermosa. Dicho esto, empuja con precisión y con algo de rudeza. La penetra por completo, llenándola de él. Siente que los vellos de su nuca se erizan al percibir el roce tan íntimo de sus partes al unirse. Tensa la mandíbula y hala el brazo de ella para que se irga. Necesita sentirla muy pegada a su cuerpo. Piel con piel, y ese sonido de sus partes uniéndose y separándose que lo desquicia. —¡Ah! —ella gime. Siente algo de dolor, pero no le hace caso. El placer es más intenso. «¡Qué delicia!», masculla la voz de su conciencia, a la vez que siente como los músculos de su v****a se contraen en torno a ese divino invasor. Él se mueve con total maestría, primero lento y luego el ritmo va incrementando paulatinamente, entra y sale, con raudas embestidas. La hace gemir de gozo, y se ve obligado a ahogar sus gemidos en el cuello de ella, cuando Eun-Yeong comienza a mover sus caderas en un vaivén desenfrenado de pasión. —Sí, así nena —su voz se llena de lujuria. —¡Ah! —los gemidos de ella son una melodía perfecta. Él pasa su brazo por delante de ella, a nivel de sus senos y se aferra a ese cuerpo, embistiendo una y otra vez, con ritmo y con fuerza. De repente, sale de ella y la hala del brazo, hasta guiarla a un espacio más reducido. Sin perder tiempo, toma su camiseta que yace guindada en la puerta de uno de los cubículos y la pone sobre la tapa de uno de los retretes. Se sienta. —Ven —le hace un gesto con la mano para atraerla. Eun-Yeong se acerca a él, quien de manera brusca la hala, haciendo que se siente a horcajadas sobre él. Su hombría vuelve a encajarse por completo en su ser. —¡Uff! —un sonido ronco emerge de la garganta de ella. «¿Se puede llegar a sentir más placer?». Se lo plantea, mientras le rodea el cuello con sus brazos y comienza a cabalgarlo. Él se apodera de uno de sus endurecidos pezones, lo chupa y lo succiona con toda la alevosía posible, para luego recorrerla con la lengua, desde la clavícula hasta la quijada, desembocando en la boca de Eun-Yeong. ¡Dios! Sin poder evitarlo, ella entierra sus uñas, levemente, en la espalda de él. Noah gruñe ante la sensación. Ella gime de gozo al sentir como sus órganos se juntan y se separan. A ambos se les dificulta respirar. —¡Cielos, nena! Me corro —jadea Noah—. Córrete conmigo —susurra la petición. Ella hunde sus dedos en la abundante cabellera castaña del hombre, a la vez que con sus dientes da un halón al labio inferior de él. Eun-Yeong sigue moviéndose, dando brinquitos y gimiendo. Noah aferra sus manos a las nalgas de ella, atrayéndola con fuerza hacia él. Ambas pieles arden en deseo desenfrenado, mientras néctares de lujuriase mezclan y un par de corazones laten desbocados. Los amantes estallan al unísono. Ella con gemidos escandalosos y él con jadeos roncos. Eun-Yeong pega su frente a la de Noah, y puede percatarse de como la lascivia se disipa de esa azulina mirada, aunque todavía percibe mucho deseo en los ojos de él. Le da un beso voraz y se queda sobre él por unos segundos, mientras los latidos de su corazón se normalizan. —Eso estuvo genial —logra decir ella entre jadeos. Ahora es el turno de él para besarla. Esta vez es un beso calmado, lleno de delicadeza y… ¿entrega? Cierra los ojos para poder percibir mejor estos deliciosos labios que no entiende porque le saben tan dulces. ¿Él? ¿Cerrar sus ojos al besar? ¡Jamás lo había hecho! Pasa su lengua por cada uno de sus labios y finaliza succionándole el inferior, lo que hace que ella suspire y jadee. Sin quererlo, vuelve a restregase contra él, y esto lo hace sonreír de forma ladina. En ese repentino encuentro, Noah ha descubierto un par de cosas. Es una mujer juguetona, desinhibida, una dama ante al mundo, pero muy atrevida en la intimidad. ¡La mezcla perfecta! Luego de un rato de mimos, inesperados por parte de él, ya que no acostumbra a acariciar ni a intimar con sus amantes más de la cuenta, ella se pone de pie, haciendo que él se incomode un poco, pues siempre es él quien finaliza el contacto. Ella está clara de lo que ha sido todo eso: Sexo con un desconocido en un baño público. Eun-Yeong no pretende quedarse a pedirle su número ni mucho menos tomarse una foto con él para luego etiquetarlo en i********:. «¡Oh sí, heme aquí con un desconocido con el que acabo de tener sexo en el baño del subterráneo!». Tal vez si fuese Paris Hilton, lo haría para ganar popularidad. El simple pensamiento la hace reír. Se calla al notar la incómoda mirada de Noah. Más atrás, sintiendo un extraño gusanillo, ese de no tener el control de la situación; él también se pone de pie... El silencio hace acto de presencia. Tan solo el sonido de una gota cayendo en uno de los lavamanos, además del ruido típico de una estación de subterráneo. Se visten con rapidez, entre risitas cómplices y tímidas a la vez. Noah no puede dejar de mirarla con picardía, mientras ella comienza a sentir los primeros indicios de vergüenza. No logra creer lo que acaba de hacer. ¡Por Dios! ¡Sexo con un desconocido en un baño público! «Zorra», espeta la vocecita en su cabeza, la misma que ha estado muy calladita durante los últimos minutos. Ella quiere decir algo; preguntarle qué edad tiene, o donde vive, donde trabaja, que hace en su tiempo libre… quizás saber si tiene algún plan para la tarde, pero no. Eso no es una cita, sino un encuentro s****l muy casual. Teme arruinar el momento con alguna de esas preguntas estúpidas. De repente, Eun-Yeong es presa de un arrebato moral. Se ve tentada a decirle que ella no es del tipo de mujeres que andan por la vida teniendo sexo con cualquiera que se le atraviesa en su camino y que no entiende que fue lo que le pasó… Una vez más decide quedarse callada. Sabe que si intenta dejar claro que no es una mujer fácil, le confirmara a gritos que sí lo es, así que sigue vistiéndose sin decir ni media palabra, y tratando de actuar como si no fuese la primera vez que hace algo como esto. Por su lado, Noah también se ve tentado a decir algo, pero no lo hace. De hecho, nunca lo hace. Jamás cruza palabras con una mujer recién conocida, después de tener sexo. Además, percibe una terrible incomodidad por parte de ella y no quiere dañar el efecto de un buen sexo placentero diciendo cualquier cosa cliché como: te llamaré, espero volvamos a coincidir, ha sido el mejor sexo de mi vida… Él no suele decir cosas que no siente, ni mucho menos dar largas a ciertos asuntos incómodos. ¡Después de un buen gusto…! Nunca ha sido bueno para decir algo políticamente correcto después del sexo, así que prefiere no decir nada y no quedar como un patán. Bueno, aunque no decir nada, también lo hace acreedor del adjetivo. En fin… decide no complicar las cosas. Se visten, adecentan sus ropas y peinan sus cabellos con sus manos, en completo silencio, evitando mirarse el uno al otro. Ella abre la puerta del sanitario y asoma su cabeza para asegurarse que no hay nadie. Por suerte no hay moros en la costa, lo que resulta un tanto extraño debido a que casi es la hora del mediodía y es una de las horas más concurridas. Tal vez el percance técnico en el subterráneo propició que la gente tomara medidas alternas para trasladarse. Cuando Eun-Yeong está segura de que nadie los mira, da un paso fuera del baño, seguida por Noah, quien la sujeta del brazo. Eun-Yeong se gira de golpe, como si ese roce la quemara. Lo mira directo a los ojos y nota que él sonríe a medias. Ella también lo hace. Él siente la imperativa necesidad de besarla, no sabe por qué, pero se contiene. Sabe que si lo hace, solo enredará las cosas y le dará un mensaje equivocado a esa mujer. Es solo sexo y ya. Nada de sentimientos. No le gusta darles falsas esperanzas a las damas. Es solo que esa boca… lo incita a pecar de una manera bestial. —Fue un placer conocerte, Eun-Yeong —reúne el valor para decir, al cabo de unos tensos segundos de silencio y miradas incómodas. —Igualmente… Noah —responde ella. Eun-Yeong desvía su mirada y la posa en el suelo. Teme que si lo sigue viendo a la cara, el pudor la haga comportarse como una tonta. Está tentada a darle un beso, de esos que le roban el aliento a cualquiera; un beso de despedida, ya que ella es consciente de que tal vez no vuelva a ver a ese hombre en su vida. Esos labios carnosos le piden a gritos que lo haga. Descarta la idea al instante de concebirla. En vez de eso, se da la vuelta, dispuesta a marcharse. ¡Se siente muy incómoda! ¿Cómo se supone que debe comportarse después de un buen polvo con un hombre que acaba de conocer? Pero no piensa quedarse con esa. Lo decide. Le dará ese beso que tanto desea darle. Se da la vuelta, decidida a encararlo, pero al girarse, él ya no está. «¿Pero qué diablos?», piensa ella. «Sexo casual, nena. Fue solo eso», le espeta la voz de su conciencia. Eun-Yeong toma una gran bocanada de aire y la bota muy despacio, cayendo en cuenta de que es su turno de marcharse. Camina hacia las escaleras y las sube con toda la calma del mundo, sintiendo como la brisa fresca golpea su rostro, aplacando un poco el ardor que siente su cuerpo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD