Capítulo 18

3283 Words
Noah siente unas inmensas ganas de saltarle encima a Eun-Yeong y devorarle la boca con un beso apasionado, en cuanto abre la puerta, pero sabe contenerse. Al mismo tiempo, desea abrazarla con la mayor de las ternuras, tenerla entre sus brazos y llenarse con el aroma de su cabello que seguramente debe oler delicioso. Se queda de pie un rato y la observa. Ella se ve radiante en ese vestidito blanco y el cabello peinado de lado, que cubre parte de su hombro izquierdo. No puede reprimir el impulso de relamerse los labios, pues la idea de quitarle la ropa y explorar cada rincón de ese cuerpo, se apodera de su razón. Se obliga a pensar en otra cosa, o de lo contrario terminará comportándose como un vil depravado, y se la follará allí, sin más, sin miramientos ni delicadezas. Se hace a un lado para que Eun-Yeong entre y hace un ademán con la mano, invitándola a pasar. —Bienvenida a mi humilde morada, señorita —sonríe de forma coqueta. Ella no se mueve. Solo se limita a mirar hacia el interior del lugar y juguetear de manera nerviosa con sus manos. —Esto… es… —balbucea. Intenta decir que el lugar es precioso, pero las palabras no salen de su boca—. ¡Dios! ¿Qué estoy haciendo? —masculla—. Será mejor que me vaya —se da la vuelta. Está muerta de nervios—. Lo siento —musita en su intento por huir. De manera rauda, él se acerca a ella y la sujeta del brazo. —¡No! ¿Qué dices? No te vayas —susurra. —Esto no está bien —ella da una sacudida a su brazo para librarse del agarre—. Apenas te conozco, no sé nada de ti —el lado racional de Eun-Yeong sale a relucir. Tarde, pero seguro—. No debí venir. —Yo tampoco sé nada de ti e incluso así, te invité a mi casa —dice él. Se niega a soltarla—. Estamos en las mismas condiciones. —¿Por qué aquí? —Ella se da la vuelta muy despacio y lo mira con el entrecejo fruncido. Él la suelta—. Lo normal es que las primeras citas sean en lugares públicos… —No me gusta la comida de la calle —miente. La verdad es que no le gusta frecuentar sitios donde pueden reconocerlo y hacerle pasar un rato incómodo. —¿Pero qué dices? —Eun-Yeong lo mira con dureza—. Esta mañana desayunamos juntos en un sitio que es… —Sí, es cierto —la interrumpe—. Ese lugar es uno de los pocos a los que me gusta ir —no es mentira. Ama la comida de ese sitio. —Esto es raro, ¿sabes? —espeta ella. —Vale. Si estás más tranquila, podemos dejar la puerta abierta —trata de calmarla—. Confía en mí, no te haré daño. —Podrías decirme cualquier cosa con tal de que caiga en tu trampa —musita Eun-Yeong, mirando alrededor con desconfianza. Noah se carcajea. —¿Trampa? —Habla entre risas—. No, Eun-Yeong. No soy uno de esos psicópatas que pasan por la televisión. —Es algo que diría un psicópata para convencerme —ella hace un gesto muy gracioso con la cara y Noah vuelve a partirse de risa—. Es que… yo… no —no puede dejar de balbucear—. Esto está sucediendo muy rápido, apenas ayer nos conocimos y… —Vale —él la interrumpe y le pone una mano en el hombro—. No compliquemos las cosas. Tan solo comamos, charlemos y… —No lo sé, yo… —¡Vamos! Ya estás aquí. Si tanto miedo te doy, no habrías venido —él le guiña el ojo—. Viniste porque quisiste, porque tu cuerpo lo deseaba. Somos adultos, Eun-Yeong —la sujeta con delicadeza de ambos hombros—, así que déjate llevar y vive el momento. No es un secreto que me gustas, y mucho —esas palabras hacen que algo muy agradable, dentro de Eun-Yeong, se remueva—. Sé que es algo mutuo. Ella abre la boca y trata de refutarle, de decir que no es así, que tan solo ha venido por compromiso y por agradecimiento, para cumplir con su palabra, pero él no la deja hablar. Él le pone un dedo sobre los labios y la acalla. —Shhh… relájate y disfruta la velada. Es todo lo que pido —musita Noah—. Entremos por favor. La comida se enfría —la sujeta de la mano y le da un halón, invitándola a pasar. Ella se deja guiar por un bonito recibidor que los lleva a un estrecho corredor, hasta llegar a un espacio abierto, donde puede ver el área de la sala, el comedor y la cocina. No hay división alguna, solo mobiliario que deja claro que área es cada una. Eun-Yeong lanza una rápida mirada a su entorno, y se obnubila por todo el lujo que ve. Es una casa preciosa, con piso de mármol, ventanas panorámicas y una decoración exquisita de colores sobrios que varían entre el blanco, beige, gris, marrón y n***o. De repente, la aparición de una criatura peluda, de pelaje blanco y n***o, hace que se detenga de golpe. Eun-Yeong da un respingo al ver como el animal se para sobre sus patas traseras y se abalanza sobre ella. —¡Oh por Dios! —exclama, levantando sus brazos como gesto involuntario para protegerse. —¡Dante! —Vocifera Noah, a la vez que sujeta al perro del collar y le da un halón para alejarlo de su invitada—. Lo siento. Es muy efusivo con los desconocidos. Eun-Yeong ríe con nerviosismo. —¿Es tuyo? —indaga ella, mirando al can con cierto recelo. —Sí. Es mi heredero —bromea Noah. —Wow —ella está muy sorprendida—. No pensaba que fueras del tipo de personas que tienen mascotas. —¿Y qué tipo de persona crees que soy? —Noah suelta al perro, se yergue y se acerca de nuevo a ella, con cierto aire intimidatorio. —Del tipo práctico, de los que no tienen… —Eun-Yeong se muerde la lengua cuando se percata que está a punto de decir una impertinencia. «De los que no tienen lazos con nada ni nadie», completa en su mente—. Es precioso —prefiere desviar toda la atención al perro que la mira fijamente y menea la cola—. ¿Cómo dijiste que se llama? —inquiere, a la vez que extiende su mano para que el can la olfatee. —Dante —indica Noah. —¡Interesante! ¿También eres fan de la literatura clásica? —la pregunta sale de su boca por inercia. —Bueno, fanático de la literatura como tal… —Noah se encoge de hombros—. Digamos que prefiero más el cine y… los videojuegos —Eun-Yeong siente una grata sensación ante esta última confesión—. Le puse Dante —señala al perro—, por un videojuego que estaba jugando en aquel entonces, cuando mi hermana me lo regaló… —Dante’s Inferno —le interrumpe Eun-Yeong. —¿Lo conoces? —Noah frunce el entrecejo. Ella se limita tan solo a asentir con la cabeza. Sabe que si articula alguna palabra, comenzará a hablar hasta por los codos, acerca de lo mucho que le gustó el videojuego desarrollado por Visceral Games, de la calidad de los gráficos, de la jugabilidad, que estuvo casi una semana entera sin dormir, pues las horas que debía destinar a descansar, las usaba para adentrarse en esos escenarios dantescos a través del infierno, a fin de rescatar a Beatriz de las garras del mismísimo Lucifer. En vez de ponerse a hablar y quedar como una loca friki amante de los videojuegos, prefiere desviar su atención del hecho de que Noah se vuelve mucho más sexy y atrayente, a medida que lo conoce. Eun-Yeong menea su cabeza de forma sutil y mira su entorno. —¡Wow! Tu casa es hermosa —su fascinación es genuina. —Gracias. Me alegra que te guste —dice Noah. Vuelve a sujetar a Dante de su collar—. ¿Me permites un momento? Voy a llevarlo a su cuarto —señala al perro y acto seguido se encamina hacia una puerta que se encuentra a unos cuantos metros de distancia. —No hace falta que lo encierres —comenta Eun-Yeong a medida que Noah se aleja, llevando casi a rastras al perro. —Créeme. Lo hago por su bien —contesta Noah. Levanta un poco la voz—. Es intolerante a la comida humana, y que nos vea comiendo sin que le pueda dar ni de probar… —gira el pomo de la puerta del área de servicio—, es una tortura psicológica para el pobre —le hace una seña con la mano e invita a Dante a entrar. El siberiano lo mira con esos ojitos de por favor no me encierres aquí. Prometo portarme bien—. ¡Oh vamos! No me mires así. Vendré por ti en un rato. —Debió costarte una fortuna todo esto —la voz de Eun-Yeong se oye a lo lejos. En el momento que resuenan sus palabras en el lugar, ella prefiere haberse mordido la lengua, al percatarse de lo indiscreto que ha sido su comentario. —Me llevó casi diez años terminar de pagarla —contesta Noah, sin más, alzando la voz—, y decorarla a mi gusto —él cierra la puerta del área de servicio, se da vuelta y desanda sus pasos hasta llegar de nuevo hasta Eun-Yeong. —Tienes muy buen gusto —dice ella sin dejar de mirar su alrededor. —Sí que lo tengo —comenta él con cierta lascivia en su voz, a la vez que clava su mirada en el bonito escote de la mujer. Vislumbra unos lindos pechos. Se relame los labios con descaro. Eun-Yeong no percibe este gesto. Está muy entretenida mirándolo todo. Parece una niña en medio de un museo: curiosa y maravillada con todo lo que ve. Verla de este modo, hace que Noah deje de mirarla como si fuese un trozo de carne que se muere por degustar, y en su lugar, sonríe con amplitud al percibir el brillo en los ojos de la linda mujer que camina a un lado de él. Unas enormes ganas de abrazarla, entrelazar sus dedos con los suyos, mirarla a los ojos y quedarse así por un largo rato, se apodera de él… —¡Oh por Dios! ¡Tienes una katana! —el grito emocionado de Eun-Yeong le hace dar un respingo y sacudirse el pensamiento cursi de la mente. Ella se aproxima a toda prisa hasta el estante donde descansa el arma. Los ojos le brillan con más intensidad. —Y no es cualquier katana —comenta Noah. Se le infla el pecho de orgullo. Parece el típico niño que presume sus juguetes nuevos—. Es la réplica exacta de… —¡Es la katana de Michonne! —Exclama Eun-Yeong—. Lo sé. Él abre los ojos con sorpresa. No es normal que una mujer reconozca esa katana, y mucho menos que se muestre tan emocionada ante uno de los peculiares objetos que colecciona. Siempre sus invitadas pasan por desapercibido estos detalles. Solo enfocan su atención a quitarse la ropa y pasar a la acción. —¡Dios! ¿Puedo sujetarla? —inquiere ella. —¡Por supuesto! —Él se acerca a la vitrina—. Déjame bajarla. Toma la katana, se gira muy lento y la pone sobre las manos de ella, cuyos ojos resplandecen de emoción. —¡Es increíble! —Exclama Eun-Yeong— Ella es mi personaje favorito. ¡Dios! Amé cuando le arrancó la oreja de un mordisco al gobernador, después de que este le cortara la mano a Rick. —¿Leíste los comics? —Noah está gratamente sorprendido. —¡Por supuesto! Es mil veces mejor que la asquerosa serie que pasan por la televisión —espeta ella. Noah se parte de risa—. Es una pena que el personaje de Michonne lo hayan convertido en algo tan… —¿Cliché? —la interrumpe. Eun-Yeong asiente con la cabeza—. Al parecer, eso es lo que vende: Lo común. —No solo la convirtieron en un personaje más del montón, sino que la redujeron a estar a la sombra de Rick —le emociona hablar del tema. Se encoge de hombros—. ¿Pero qué mierda? Ella es… —se tapa la boca con las manos al percatarse de que está dejando salir a flote ese lado nada femenino que Cinthia le recomendó que mantuviera al margen—. Perdona las malas palabras —Noah ni cuenta se había dado de eso. Solo se limita a sonreír. Que Eun-Yeong trate de ser políticamente correcta para causarle buena impresión, se le hace de lo más adorable que ha visto en la vida—. Lo que quiero decir es que… —prosigue ella—.¡Oh cielos! Michonne es el personaje femenino más fascinante de la actualidad. La forma en que evoluciona entrega tras entrega es… —¿Recuerdas cuando mutiló y castró al gobernador? —él no puede evitar interrumpirla. También le apasiona mucho el tema. —¡Obvio! Y cuando le perdonó la vida, para que la viviera como un miserable eunuco. Ambos ríen a carcajadas. La escena es tierna, así como perturbadora. —Y la vez que golpeó a Rick en la cabeza, con una piedra —suelta Noah sin dejar de reírse. —¡Dios! No sabes cuánto odio a Rick. Es soso tanto en el comic como en la serie —agrega ella, sin poder dejar de reír. —¿En serio? Yo también lo detesto —comenta él—. No entiendo porque Kirkman insiste en mantenerlo vivo en la serie… —Porque es lo que vende. Ya lo dijiste —argumenta Eun-Yeong, señalándolo con su dedo índice y riendo a carcajadas. —Deje de ver la serie en la temporada pasada. No lo soporté más —comenta él, agitando la mano en el aire. —¿Bromeas? ¡Yo también! Vi las últimas dos temporadas solo por la majestuosa actuación de Jeffrey Dean Morgan —dice Eun-Yeong. —Concuerdo contigo —Noah asiente con la cabeza—. Oh my goodness! Look at this! —hace su mejor imitación de Negan, seguido de su peculiar forma de reír. —¡Oh por Dios! La risa te sale idéntica a la de él —Eun-Yeong se muestra maravillada. Aunque se trata de una conversación muy bizarra, por la naturaleza de la serie de la que hablan y el comportamiento de los personajes por lo que muestran gran admiración, ambos disfrutan de lo lindo. —Eres toda una cajita de sorpresas, Eun-Yeong —comenta Noah y trata de recobrar la compostura. —Bueno —se encoge de hombros—, las chicas también tenemos derecho a leer comics. —¡Mas mujeres así en el mundo, por favor! —exclama él, levantando las manos, como implorando un milagro del cielo. Las risas cesan y ambos se miran directo a los ojos. Hay algo. Es una sensación extraña, como si un par de piezas encajaran a la perfección; dos engranajes situándose en perfecta sincronía… un clic. Sus miradas quedan fijas, una en la otra, y el mundo parece detenerse por fracción de segundo. Noah carraspea su garganta, al cabo de un rato. Eun-Yeong espabila. —¿Comemos? —tantea él y señala con su mano hacia la mesa. Ella asiente con la cabeza. Se limita a acercarse a la silla que Noah le ofrece, y se sienta—. Espero que te guste lo que preparé. —¿Cocinaste tú? —ella lo mira, incrédula. —¡Claro! —se encoge de hombros, de manera divertida—. La cocina es mi segunda pasión —confiesa y se inclina un poco sobre ella para quitar el cloche que cubre el plato de Eun-Yeong. —¿Ah sí? ¿Y cuál es la primera? —ella no puede reprimir el tono juguetón de su voz. —El sexo —Noah gira levemente su rostro y se acerca a ella—. El buen sexo —susurra a escasos centímetros de la boca de Eun-Yeong. Ella siente que la parte baja de su vientre se contrae y el ardor se apodera de su cuerpo. Saborea el aliento de ese hombre.De repente siente unas ganas enormes de saltarle encima y… —Espero que te guste el salmón —la voz de Noah la hace reaccionar—, y el risotto. Ella se relame los labios, no por la comida que contemplan sus ojos, sino por la ráfaga de excitación que la recorre desde la punta de los pies hasta la cabeza. Noah sonríe con arrogancia. Adora excitar a las mujeres de esa forma. Los juegos eróticos son lo suyo. —Me encanta el salmón —dice ella con voz pasmosa. —¿Sí? —Él susurra la palabra, aún inclinado sobre ella, y muy cerca de su oído—. ¿Cuánto te gusta? —Mucho —Eun-Yeong siente que los pezones se le endurecen, al sentir el aliento de ese hombre en su oreja. Hace puños en la falda de su vestido, para reprimir un gemido. —Entonces comamos, antes que se enfríe —indica él y se yergue muy despacio, alejándose de ella. Le guiña el ojo cuando se sienta en la silla que yace frente a ella—. ¿Te gusta el vino? —la voz de Noah es muy sensual. —Sí —murmura ella y sacude la cabeza con fuerza—. Me gusta. Él ríe de manera pícara. Le encanta tener el control de la situación, ama seducirla y saberse el causante de todo eso que Eun-Yeong siente. ¡Dioses! Comienza a ponerse muy duro, así que se obliga a pensar en otra cosa, de lo contrario la velada acabará mucho antes de lo pensado. Sirve el vino en las copas y le ofrece una a ella. Toma la suya y la levanta: —Por los encuentros furtivos —brinda—, para que se repitan. Ella también levanta su copa, pero no sabe que responder—. ¡Salud! —dice Noah y choca su copa contra la de Eun-Yeong. Da un sorbo y se relame los labios. Dicha acción hace que Eun-Yeong jadee. —Sí —imita al hombre frente a ella—. Que se repitan —dice las palabras por inercia. Está tan ofuscada que no sabe lo que dice. —¿De verdad deseas eso? —Noah la mira con tanta intensidad, que Eun-Yeong siente que se quema. —¿Qué cosa? —musita ella. —Repetir lo que sucedió ayer. —¿Cómo? —el corazón de Eun-Yeong late a mil por hora. —Ya sabes, volver a jadear, perder la respiración mientras me cabalgas con descaro y… —Creo que es mejor que comamos —Eun-Yeong lo interrumpe. Necesita retomar el control de su cuerpo. Carraspea la garganta. Se obliga a dejar de mirarlo y posa su mirada en el plato que tiene delante de ella—.No quiero que se me enfríe la comida. Esto se ve delicioso —sacude la cabeza. Noah sonríe de forma ladina. —De acuerdo. Comamos —concuerda con ella.
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