Sujeto la barandilla del balcón con mis manos. Está muy fría. Clavo mi mirada en el horizonte. Los tonos naranja y azul son los protagonistas de la hermosa visión que veo en el cielo. El ocaso es precioso desde aquí. Me llevo una mano a la cabeza y vuelvo a tomar una profunda inhalación. Necesito calmarme un poco. Me doy la vuelta y vuelvo a sentarme en el cómodo sillón de cuero blanco, en el que he estado contemplando el paisaje durante la última media hora. Respiro profundo y suelto el aire de golpe. Clavo mis ojos sobre el aparatito del infierno que se niega a sonar. Ni un puto mensaje, ni una jodida llamada… Nada. —¡Mierda! —digo entre dientes, sujeto mi celular, me levanto y entro a mi casa. Dante yace sobre la alfombra de la sala. Necesito mantener la mente ocupada, o de lo contr

