La sobriedad y la pulcritud reinan por doquier. Superficies tan pulidas, que puedo ver mi reflejo en cada una de ellas. He visto este lugar tantas veces, que podría recorrerlo con los ojos cerrados. Un festival de olores agradables acaricia mi olfato cada vez que estoy aquí. Este es uno de mis sitios favoritos en el mundo, después de la casa que era de mis padre y donde ahora reside mi hermana, su futuro esposo y mi sobrina, en Canadá. —¿Noah? —una voz femenina me ayuda a salir de mis cavilaciones—. ¿Ya salteaste el ajo, la cebolla y la zanahoria? —indaga la mujer, mirándome con detenimiento. —Sí —digo tajante—. Acabo de agregar la carne previamente sellada, y la harina —sonrío con amplitud. —¡Excelente! —dice ella. Christina es su nombre, y es quien se encarga de impartir las clases d

