LANE Kaiden era una jodida adicción. Porque podía estar mal para todos, inclúso para tí, podía ser jodidamente peligroso y desconocído, pero una vez que se metía bajo tu piel, ya no podrías quitarlo. Y él estaba llegando a mi corazón. ¿Tenía tiempo para detener su ataque y evitar que se propagara por todo mi cuerpo, hasta invadir cada célula de mi ser? Con certeza, no lo sabía. Porque aunque me negara completamente a la idea de enamorarme de él, sentía que la parte de mí a la que le habían arrebatado el único afecto que recibía, estaba metida de lleno en él, y no podía hacer nada contra eso. Porque la entendía, era la desesperada forma de una adolescente a la que su padre la había abandonado, de recibir algo de amor en medio del desastre. ¿Pero qué había de la parte de mí que estaba

