CAPITULO OCHO

1439 Words
LANE Cuando la camioneta se detuvo frente a un imponente edificio n***o, tuve que esforzarme en no lucir tan impresionada. Pero, dios, eso no podía siquiera compararse con mi diminuta casa. Sabía que los Knight no vivirían en un lugar corriente, pero este edificio gritaba poder y misterio de una forma elegante y moderna que no me dejaba apartar la mirada. Cuando Kaiden abrió la puerta para mí, casi me asombré por aquél acto tan caballeroso. Me tendió su mano para bajar pero me negué. -Puedo sola -solté secamente sin mirarlo, colgandome la mochila al hombro y pasando por su lado sin mirarlo. Kieran ya estaba en la entrada del edificio y mis pasos se realentizaron, esperando a que Kaiden se posicionara a mi lado para seguirlo, porque ni siquiera sabía en qué piso vivían y no iba a pasar vergüenza preguntandole o perdiendome. Cuando el rubio estuvo a mi lado ni siquiera lo miré pero estuve agradecida de poder seguir sus pasos. Abrió la puerta y, de no ser porque uno de los escoltas la sostuvo, me hubiera estrellado contra esta. Soportar la personalidad de Kieran era una cosa, porque el malhumor y la mala cara ya eran parte de él, pero soportar a Kaiden enfadado era peor. Rodé mis ojos y lo seguí hasta el ascensor, aprovechando a que estaba de espaldas para ojear todo el lugar, estaba casi vacío excepto por dos hombres de traje que dejaron de hablar cuando los Knight entraron y una señorita rubia detrás de un escritorio que los saludó pero ellos la ignoraron. Maleducados De adentro hacia fuera sí se podía ver, no al revés, lo que le daba ese toque misterioso que te hacía pensar quién viviría dentro de ese edificio. Mis pasos dudaron cuando estuve frente al ascensor y ningúno de los Knight me miró, al ver que no entraba, Kieran apartó la vista de su móvil. -Quiero subir esta noche, si puede ser -habló de mala gana y me contuve a rodar los ojos, entré y, aunque no quisiera, me coloqué más cerca de Kaiden. Las puertas se cerraron y nos ví a los tres reflejados en las puertas de metal, a los lados y detrás eran puros espejos. No podía creer dónde estaba, mucho menos con quiénes. Los Knight me estaban llevando a vivir con ellos. De pronto mi corazón latió con fuerza y tuve unas ganas inmensas de salir corriendo en cuanto las puertas se abrieron, pero no me encontré lo que esperaba. Mis ojos se maravillaron con el exorbitantemente elegante y costoso departamente frente a mí. La mayoría de las cosas eran negras, blancas o de mármol, solo el piso era de una madera brillante. Solo la sala era más grande que mi casa, sin contar la zona en la cual una barra de desayuno dividía la cocina, llena de electrodomesticos modernos. Rayos, a mamá le hubiera fascinado preparar sus postres en ese lugar. Kieran chocó mi hombro al salir y se perdió en algún lado al que no me atreví a mirar. No entendí por qué, si me odiaba tanto, me tenía allí. Era insoportable, tanto para él como para mí, nuestra presencia junta. -Entra -escuché a Kaiden detrás de mí-. Esta es tu casa ahora -intentó apoyar su mano en mi hombro y me aparté. -Esta jamás será mi casa -iba a callarme pero me volví hacia él-. No estoy aquí por decisión propia y en cuanto esto se termine, mi iré y jamás volverán a verme la cara. No me quedé a ver su expresión y avancé por la sala tomandome el tiempo de observar todo, pasé mis dedos por el sofá oscuro y hasta vergüenza me dió lo que Kaiden hubiera pensado aquella vez en mi insignificante casa. De seguro podría habernosla quitado y dejado en la nada, al fin y al cabo, nada demostraba lo contrario. Las alturas me daban miedo, pero aún así caminé hasta la ventana a observar el impresionante panorama que se tenía desde allí. Ese lugar era perfecto para los Knight, los reyes amaban mirar hacia abajo, a las personas que creían inferiores a ellos. De seguro eso les daba más poder. No solo la vibra que generaba su presencia física, sino también todo su dinero y sus pertenencias. Una figura detrás de mí se reflejó en el cristal y supe que era Kaiden. -Voy a mostrarte tu habitación -me volví hacia él, lista para comenzar otra pelea, pero su tono neutro me detuvo-. No quiero que te enfermes y hagas un escándalo. Sin más, se giró y comenzó a caminar en dirección a donde se había perdído Kieran. Tenía razón, me ropa estaba húmeda al igual que ciertas partes de mi cabello, no había llegado a secarme por completo cuando salímos del hotel y el clima no ayudaba para nada. Lo seguí hasta una habitación que pegaba perfecto con el resto de la casa, era el doble que mi cuarto normal y bastante minimalista. Entré y dejé mi mochila sobre la cama, siendo consciente de que él seguía en el marco de la puerta. -Gracias -solté observandolo sobre mi hombro-, supongo. Él no dijo nada los pocos segundos que se quedó mirandome hasta que me dejó sola. • • • En la habitación había algúnas remeras grandes en los cajones pero nada más, por suerte había llevado mi mochila y me pude vestir más o menos decente. Unos shorts holgados negros y una remera de mangas largas del mismo color. Salí descalza de la habitación e hice el mísmo recorrido hasta llegar a la cocina, donde Kaiden se encontraba con el cabello desordenado y una laptop frente a él, en la mesa de cristal entre los sofás. Cuando me escuchó llegar, su mirada cayó sobre mí, o mejor dicho, mis piernas. Parecía tener una obsesión con aquello. Lo ví negar, pasando su lengua sobre su labio inferior y me morí de ganas por saber qué pensamiento se le había cruzado. -¿Tienes hambre? -indagó cerrando la computadora. Negué, ocupando lugar en uno de los asientos de la barra. Mentirosa-. Bueno, igual te daré algo. -¿Entonces para qué mierda me preguntas? -callate, idiota, callate. Kaiden se quedó a medio camino cuando solté aquello y rápidamente suavisé mi expresión para que no se enfadara. Me gire hacia la cocina y para mí suerte él se acercó sin decir nada. -Se nota lo que heredaste de Ian -dijo de repente mientras encendía la cocina y ponía a calentar agua, para luego sacar un caja de pasta de uno de los muebles, con movimientos cortos que marcaban los músculos de su espalda. -¿La osadía? -La estupidez. Rodé mis ojos. Claro. En menos de media hora, me encontraba comiendo el plato de macarrones con queso que Kaiden había preparado para mí, estaba innegablemente delicioso. O al menos eso me decía mi estómago hambriento. Sus ojos no se despegaron de mí y me incomodaba, pero preferí no decir nada. En un momento, Kaiden soltó una risita que pareció genuina y se acercó a mí, haciendo que alejara un poco mi cuerpo, pero entonces tomó mi mentón entre sus manos y pasó su dedo por la comisura de mis labios, como limpiandolos, quedandose más tiempo del necesario mirandolos. -¿Qué van a hacerme mientras esté aquí? -solté para, de algún modo, desviar la atención pero en el fondo no estaba segura de querer saber la respuesta. Kaiden me miró por un instante pero no respondió. -¿Terminaste? -no esperó respuesta y dejó el plato en el fregadero, haciendome una seña con la mirada para que lo siguiera. Dudé pero no tenía alternativa. Lo seguí otra vez hasta mi habitación y se quedó en la puerta esperandome a que entrara, noté sus intenciones de querer decir algo cuando me senté en la cómoda cama con mantas grises y lo miré. -¿Y Kieran? Pareció decepcionado cuando le pregunté aquello, como si esperara otra cosa. -En su oficina, núnca sale de ahí si es eso lo que te preocupa -dijo de mala gana mientras cerraba la puerta pero lo detuve. -Kaiden. Él mantuvo su mirada frente al pasillo. -¿Mmm? -¿Qué harás con Isabel y Emily? Esperé pacientemente su respuesta, entonces él agachó su mirada al suelo. -Nadie va a herirlas, te dije que las cuidaría si venías con nosotros y eso pienso hacer el tiempo que estés aquí -habló neutro y bajo. -Gracias, Kaiden. Ni siquiera supe por qué lo dije, pero sabía que si fuera por Kieran podríamos morir de hambre y ni siquiera le movería un cabello. -Buenas noches, amor.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD