CAPITULO CUATRO (II)

1223 Words
LANE Sentí como todo a mi alrededor se realentizaba, como la música se volvía un simple pitído y mi respiración era pesada, ni siquiera estaba segura de si estaba respirando o no. Mis ojos ardieron y, en ese momento no me importó soltarlas, ya había estado conteniendolas por mucho tiempo y no podía más. Tú. Esa palabra hizo eco en mi mente confundida, nublada por todas mis emociones. Negué con la cabeza, bajandome de su regazo. Kaiden no me detuvo. —Mientes —solté con la voz quebrada. Porfavor, porfavor, porfavor. —No es verdad, Kaiden, no me hagas esto... —mis súplicas que apagaron cuando la figura alta y robusta de Liam, uno de los guardias de seguridad, apareció junto a nosotros. —¿Pasa algo, Lane? ¿este hombre te está molestando? —miró mal a Kaiden y casi que temí por él, quizás no sabía quién era... o no le temía a la muerte. Antes de poder negar, Kaiden tomó una postura recta y una mirada altiva, sus iris azules quemando a Liam con frialdad. —Este hombre es el que paga tu sueldo y evita que te pongan de patitas en la calle —sus palabras cambiaron el semblante de Liam, que parecía no saber dónde meterse-—. Asi que ubícate y desaparece de mi vista. Liam asintió y, antes de irse, me miró con pena. Fijé en el suelo mi mirada nublada por las lágrimas y me abracé a mí misma, como si quisiera cuidarme, confortarme, y eso me hizo sollozar con dolor. Mi padre, el hombre que decía quererme, que había prometido cuidarme, me había vendido a los hombres más peligrosos de Chicago. Unos brazos me envolvieron y no fuí capaz de apartarme. Al fin y al cabo Kaiden no tenía la culpa, él no le ofreció esto a mi padre, fué Ian quién me arrojó a la boca del lobo. Y lo odiaría toda mi vida por aquello, pero al menos sabía que ya no molestarían a Ruth ni a Emily Kaiden levantó mi rostro hacia el suyo y limpió mis lágrimas con sus pulgares, su mirada se suavizó y no pude decifrar lo que transmitía. —¿Qué díces, Lane? ¿te vienes conmigo? • • • Caminé a paso rápido a través de las calles oscuras de mi vecindario, una vez que bajé del autobús. Observé todo a mi alrededor mientras avanzaba e inclúso antes de entrar a mi casa, cerrando de un portazo. A travesé todo el pasillo hasta llegar a mi habitación y comencé a sacar cosas del armario sin siquiera detenerme a ver qué era, metiendo todo en una mochila desgastada y algo vieja. Inclúso mi móvil, mi cepillo de dientes y algúnos dólares que tenía guardados. Cuando quise descolgar uno de los abrigos y no pude, solté una maldición y lo arrojé hacia el otro lado de mi habitación, rompiendo una cuadro pequeño que tenía una foto que nos habíamos sacado en navidad junto a Emily y mis papás. Apoyé mi espalda en el armario y me dejé caer, mientras lloraba sin control y deseaba que todo fuera mentira. Me dolía, papá me había traicionado inclúso cuando había confiado en él, ¿desde cuándo toda mi vida se había desmoronado de esa forma? -¿Lane? -la voz de mamá me hizo levantar la cabeza y ella se arrodilló a mi lado, inmediatamente la abracé con fuerza, sintiendo la calidez reconfortante de su cuerpo contra el mío-, ¿qué ocurrió, mi cielo? Quería responderle, pero pensar en eso me rompía otra vez. -¡Cariño, ya volví! -exclamó Ian y me separé bruscamente al verlo cruzar el umbral de mi puerta con una sonrísa que desapareció al verme. Hijo de puta. Me abalancé sobre él, pegandole en el pecho con toda mi fuerza, liberando la ira que me quemaba por dentro. -¡Eres un maldito! ¡un traidor! ¡núnca voy a perdonarte lo que me hiciste! -¡Lane, detente! -exclamó mamá intentando separarme, acunando mi rostro entre sus manos-. ¿Qué pasó, cielo?, cuéntamente, cuéntaselo a mamá. -¿Por qué mejor no se lo cuentas tú... papá? -lo miré con desprecio. -¿De qué habla Lane, Ian? -mamá lo miró de forma acusatoria y él parecía querer desaparecer, el muy cobarde no podía con ella, pero sí podía entregarle a su hija a unos criminales. -Cuentale, Ian. Díle a mamá cómo me entregaste a los Knight para saldar la deuda que tú mísmo creaste. Mamá jadeó impactada. -¿Eso es verdad? Me acerqué a la cama, ignorando por completo lo que pasaba y me colgué la mochila al hombro. -Eres una persona horrible y espero que te pudras en el maldito Infierno -murmuré pasando al lado de Ian, chocandole el brazo con fuerza. Los sollozos de mamá se escucharon inclúso mientras me acercaba a la puerta, dispuesta a irme, a comprarme un pasaje de avión y alejarme a un lugar en el que nadie más pudiera herirme como lo había hecho mi padre. Pero entonces, una mano me jaló del cabello, tirandome al suelo. Solté un grito de dolor. -No te vas a ningún lado, niña -Ian me tomó con fuerza del rostro, haciendome gemir cuando mis dientes chocaron contra mis mejillas-. Hice un trato con los Knight y no pienso dejar que lo rompas, quieras o no, ahora eres de ellos. Sus palabras fueron como puñaladas y, ni el dolor de las reales, se compararon con aquellas. Le dí una patada en el abdomen, alejandolo de mí y cuando me puse de pie, Ian volvió a jalarme del pelo y esta vez me dió una bofetada que me dejó sin aire unos segundos. El dolor me mareó y sentí mi estómago revolverse ante el sabor de la sangre que se adentró en mi boca. -Tú eres la única que puede sacarnos de esto, a tu madre y a tu hermana -dijo él, levantandome del suelo para sostener mi rostro cerca del suyo. -Pero yo no los metí en esto -escupí con odio. -Pero ahora vas a sacarnos. Aquello era lo más injusto del mundo, no solo me había traicionado una de las personas que más quería, sino que me había entregado como si nada para salvarse el culo. Si tanto amaba a mamá y a Emily, se hubiera entregado él, ¿por qué a mí? ¿yo qué tenía que ver?. No merecía eso. En un movimiento rápido, mi rodilla impactó con fuerza en su zona baja. -¡Hija de puta! -exclamó retorciendose en el suelo. Con la respiración agitada y el corazón martilleando con tanta fuerza que creí que se me saldría del pecho, abrí la puerta y salí corriendo, notando en el cielo como comenzaba a amanecer. -¡Vuelve aquí, Lane! Pero no le hice caso, solo corrí hasta que mis piernas no dieron más, hasta que mi garganta se secó y sentí que me desmayaría. Ian me había vendido a los hermanos más peligrosos de Chicago y ya no habría vuelta atrás. Ahora debía buscar una forma de huir de ellos, antes de que aquellos monstruos me atraparan entre sus manos manchadas de sangre y violencia, antes de que me reclamaran como suya y entonces sí, ya estuviera condenada a ser la presa de los hermanos Knight.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD