Después de una divertida y emocionante tarde pasándola juntos, La Rata y yo, terminados cansados. De la nada, Peter, su mayordomo, se apareció para preguntarnos si queríamos algo, La Rata le dijo que sí, aunque Peter lo llamaba el señor E, y yo seguía sin entender por qué, quizás se tratara de la inicial de su verdadero nombre, del cual, en cualquier momento, puede que llegaría a revelarme en cuanto se sintiera en más confianza. — Peter, ¿puedes traernos un par de bebidas frías y unos bocadillos? — preguntó La Rata, hablándole a Peter con una amabilidad que me costaba creer que él pudiera tener con alguien, porque con sus hombres, aquella noche en la que me trajo a su mansión cuando nos conocimos en el bar, a ellos los trataba muy mal. Los trataba de la patada como cualquiera diría. — ¿

