—Vale, perdona, es que sé lo mucho que trabajas, quiero que te compres lo que quieras, por ejemplo un auto, ¿no has pensado en uno? Me has dicho que sabes conducir, te hace falta un auto. —Sí, lo haré, y admito que no lo había pensado. —Ya lo sabes —sonríe. Más tarde, Mila se ha ido a su «pendiente». Vuelvo a estar sola en casa, sin saber en qué poner la mente; bailo en el letargo de este silencio que va recorriendo toda el apartamento. Aún hay varias cajas en mi habitación, algunas pertenencias de mis padres que decidí conservar tras vender la casa. Supongo que estar desmotivada me ha empujado a darle un vistazo al pasado. Tan pronto como he sacado varios portarretratos, se me congela el corazón, austero me inunda el dolor que llega aliado a la nostalgia, a la par de una extrema mel

