— Señor... — Me dice Boris con la voz quebrada. Me rehúso a escuchar que no lo logró. — Edie, lo siento... hicimos lo posible. — Me decía Miguel con la mirada triste. — No! — Grito para entrar donde tenían a Eric, aunque le hayan limpiado el rostro se veía lo lastimado que se encontraba. — Amor... — Susurro pero no se movía. Me acerco más a su rostro viéndolo, no es verdad, solo está dormido! — Gatito, por favor despierta... no puedes dejarnos! — Tomo su cuerpo apretándolo a mi pecho, acariciando su cabellera. — Amor, por favor! Por qué me haces esto! Debes ver lo fuerte que soy! Nadie se atrevía a entrar hasta donde estábamos. Mis lágrimas caían sobre mis mejillas empapando mi rostro. ¡Me rehúso a que esto fuera real! — Amor! Eric! Si debo ir hasta el infierno a buscarte lo haré! Er

