El viaje fue tan largo que parecía que nunca llegaría, el hombre seguía manejando en silencio mientras nos íbamos acercando a la mansión. Una maldición sale de su boca haciendo que llamara mi atención. — Maldición! ¡Me has engañado! — Grita el hombre, dirijo mi mirada al frente, y se trataba de los hombres de Eric que se pusieron enfrente para detenerlo. Era obvio que no dejarían que ningún vehículo avanzará hasta la entrada de la mansión. — Solo no hagas nada. — Digo mientras intento abrir la puerta, pero el dolor en mis manos se hizo presente, pero logro hacerlo que al verme los hombres bajaron sus armas corriendo a mi dirección. — Por favor, puedes pagar lo que pida el hombre, y dale un poco más. — Digo a uno de ellos, este asiente quedando con el chofer mientras yo era llevado por

