Andrés y Tomás intercambiaban miradas por momentos, como si pudieran comunicarse telepáticamente. A ella le pareció irónica la situación, pues esa conexión entre ambos no había cambiado. Tomás le sonreía a ratos, no ocultaba su emoción en la mirada. A pesar de saber que ayudó a su verdugo no podía guardarle rencor a este, siempre había intentando ayudarle y por su abuelo supo que fue quien retrasó su búsqueda ese día, lo suficiente hasta que los hilos de su tío lograron moverse, un secreto que no pensaba compartir. Andrés se veía igual de imponente, con un perfecto traje y ese olor que le encantaba. Su cabello, prolijamente peinado, mostraba unas cuantas canas que le quedaban bien > pensó, dándose una cachetada mental > mantuvo la compostura que le costaba ante el inminente encuent

