Ella estaba duchándose cuando él entró bajo la ducha con ella.
-Eso es inmoral e irrespetuoso.
-La casa es mía. Cállate y deja de reclamar.
Ella intentó salir, pero él no lo permitió.
-Siempre estás temblando.
-El agua fría. Está muy fría.
De tanto verlo desnudo, ella se estaba acostumbrando y perdiendo la vergüenza de su propia desnudez.
Él levantó la mano y movió el agua de la ducha. Inmediatamente, el agua se calentó demasiado, ella salió, pero él no mostró incomodidad.
Lia reguló la temperatura en su propio grifo.
-No sientes calor tampoco.
-No, pero si te bañas conmigo tendrás tu agua caliente.
Era incorrecto, Klaus no era su marido ni siquiera su novio, pero estaba luchando con las armas que tenía.
-Quiero un pastel.
Él no pidió nada, no preguntó si ella podía hacerlo, Klaus salió del baño.
-Si usas una bermuda, haré el pastel.
Él se volvió hacia adentro, su mirada mostraba enojo, soltó un grito.
Se acercó a ella, Lia pensó que iba a ser agredida, cerró los ojos esperando el impacto, pero Klaus se detuvo, cuando ella abrió los ojos estaba sola.
Estuvo a punto de no hacer el pastel, pero amaba la vida, y sabía que no podía contra su fuerza física, él había hecho compras por la aplicación y pagado un precio exorbitante por el envío.
Ella hizo pastel de chocolate.
Y también un pastel de yuca y coco, el resto del vegetal lo congeló, afortunadamente, el congelador todavía funcionaba, solo necesitaba una buena limpieza.
Hacía algunas horas que no veía a Klaus. Aprovechó su ausencia y echó jabón en el piso, cuando hacía eso recordaba las limpiezas que hacía con su madre, era como volver a estar cerca de ella, los pasteles también eran recetas de su madre.
Secaba el piso cuando él llegó.
-Quítate los zapatos.
Él estaba en bermuda y con las botas que usaba para caminar, eran especiales, llegaban hasta el tobillo y tenían un revestimiento de silicona, así no corría el riesgo de lastimarse y no darse cuenta.
Ella notó su sonrisa, pero era sombría, Klaus se quitó la bota, pero también se quitó la bermuda. Los lanzó sobre el banco y caminó silenciosamente hacia ella.
Lia dejó el trapeador y corrió, pero él ni siquiera necesitó apresurarse mucho, sus piernas eran más largas, y no había cerradura en las puertas.
-¿Qué piensas que estás haciendo? No voy a recibir órdenes.
Ella tembló.
Fue arrastrada hacia él.
-¡Por favor!
-Nunca me han tenido piedad, dame un buen motivo para tener piedad de ti.
En ese momento él miró su alfombra. Había un cuaderno bordado con el nombre Lia, y ella dejó de ser solo un rostro y un cuerpo que él deseaba, se volvió real y él no tuvo el valor de lastimarla.
-Lia. Es un nombre bonito.
Ella se dio cuenta de que Klaus estaba más calmado.
-Hay pastel en la mesa. De chocolate
Él no la dejó terminar, casi corrió hacia la cocina.
Cuando ella apareció, él estaba sentado a la mesa, vestía un calzoncillo y un molde de pastel ya estaba vacío.
Sin pensar, ella tomó el otro.
Él golpeó la mesa.
-Puedes comer más mañana, te va a caer mal.
A él no le gustó eso, sintió ganas de gritar.
-Voy a hacer carne guisada para la cena. La voy a enfriar para ti.
Él no respondió, pero Lia notó una sonrisa aparecer en su rostro. Y esta vez la sonrisa era verdadera.
Fue a organizar la cena, se dedicó a la comida, porque quería que a él le gustaran los platos que ella sabía hacer.
Ella estaba poniendo la mesa cuando apareció un auto, escuchó el ruido, casi no pasaban autos por allí.