Mujer

800 Words
Más tarde, él entró desnudo, y ella cerró los ojos. -Ropa para la cena. -Vas a... Ella lo miró horrorizada, y Klaus no tuvo valor para concluir. -Hice una comida que te gusta y me vas a tratar así. -No sé ser diferente, crecí en sanatorios, en medio de gente de la peor especie. Había personas buenas, con problemas, es verdad, pero también marginales que la familia enviaba allí, era mejor que la cárcel. No sé cómo ser diferente. -Puedes empezar por no decirme esas cosas, escribe cuando necesites calmarte, pero no conmigo. -¿No te molestan mis gritos? -No. Siempre y cuando no sea para mí. Klaus la miró como si deseara descifrarla. Ella probó su guiso. -Puedes comer, no te vas a quemar. Él no comía con cucharas que fueran usadas por otras personas, pero comer con la cuchara que ella había usado no lo incomodó. Se sentó, la mezcla de carne y verduras era deliciosa, tan diferente de las verduras insípidas que comía antes de su llegada. Klaus terminó su comida, pero quería más. Era bueno tener comida nueva, sazonada y estar sentado a una mesa después de tantos años. -Déjame comer la tuya, la de la cacerola está caliente. Lia le entregó el plato, y puso otra porción para ella. Al final, realmente podría ser su mujer. -¿Puedes comprar una cama? Después de la comida, Klaus estaba acostado en la estera, pero sabía que estaba despierto. -¿Por qué? -Frío. En los días de lluvia siento frío y las cobijas son finas. Y en algunos días pierdo el sueño, por el frío, pero también porque vi una serpiente afuera. Tengo miedo de que se arrastre hasta la alfombra. Él no dijo nada más, volvió a quedarse mudo. Entonces ella entendió que continuaría durmiendo en la alfombra. Estaba sentada peinándose el cabello cuando él apareció. -Haz una lista de todo lo que necesites. Vamos a comprar. Este horario es más tranquilo. Ella corrió a hacerlo. Antes de que él cambiara de idea. Necesitaba ollas, utensilios, pero podría ver gente. Le gustaba el santuario, pero caminar era bueno. Ella se vistió. Y por primera vez Klaus estaba vestido adecuadamente, pantalones vaqueros, zapatillas y camiseta. Él también tenía una 4x4, detrás tenía una especie de mini remolque, era propio para transportar muebles. El viaje fue silencioso. -No sabía que conducías fuera de la propiedad. -Tuve que aprender. Pero no me gusta mucho. Los otros conductores son unos verdaderos idiotas. Después de 2:35 minutos pararon. Era un tipo de mayorista. -Elige una cama box resistente, estaré durmiendo contigo. Tiene que ser rápido, estoy medicado, pero puedo entrar en crisis y si eso sucede probablemente terminaré con un montón de policías alrededor. En realidad no estaba medicado, pero prefirió no decírselo. En casa gritaba, cortaba madera, corría o nadaba. Si gritaba descontroladamente dentro de un establecimiento llamarían a la policía. La gente no estaba preparada para lo diferente, un hombre de ese tamaño, con cara de malo, asustaría a las personas. -Seré rápida. Las opciones eran pocas, eligió una cama matrimonial tamaño Queen. Klaus usó una tarjeta de oro para hacer el pago. Ella ya había elegido dos cajas de ollas y platos. Regresaron al auto. Ella quería comprar algunas cosas personales, pero no tenía dinero y no se sintió cómoda pidiendo eso. Dos empleados colocaron la cama en el auto, la ataron en el auto y Klaus partió. No dijo ninguna palabra más, pero las venas en sus manos se marcaron, el control estaba al borde. Cuando entraron en una zona más remota, Klaus comenzó a desnudarse. -¿Sabes conducir, Lia? -Sé, pero no me gusta y no tengo mucha práctica. Él estacionó. -Agárrate del volante. Solo necesitas ir despacio, podemos llegar a casa por la noche. -No quiero conducir. -Tenemos dos opciones, o tomas el volante o me chup@ hasta que me calme, no estoy en condiciones de conducir. -Klaus.. Él la miró y Lia vio el fuego en sus ojos. Se pasó al asiento del conductor. El coche era pesado, al igual que su dueño, no tenía dirección hidráulica, pero logró conducir sin salirse de la carretera. Klaus se recostó en el asiento trasero, tiró los boxers al suelo del coche, la ropa le incomodaba mucho. Necesitaba conseguir ropa completamente de algodón, o no podría ponersela. Por el espejo retrovisor, ella lo vio acostado. Unos minutos después, Klaus cerró los ojos, los tatuajes eran de la época de las clínicas, los hacía para matar el tiempo, había cicatrices en varios puntos. -Aparta los ojos de mí, y ponlos en la carretera. Había sido atrapada, incluso con él teniendo los ojos cerrados. Evitaba mirar la parte más íntima de él. Pero necesitaba admitir que la sensación de hormigueo comenzaba a crecer dentro de ella.
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