Ya era de madrugada cuando Lia se levantó, fue hasta la sala. Klaus estaba en la caminadora, solo en calzón, sangraba, tenía una herida profunda en la pierna. Se arrodilló a su lado. -Vuelve a la habitación. -Voy a limpiar la herida. -Sal de aquí, por favor. Él ya había gritado otras veces, así que ella no se preocupó mucho. Encendió la luz. -Lia, vuelve a la habitación. No tomé mi medicación, me olvidé, por el amor de Dios sal de aquí. -No puedo dejarte sangrando.. -¿No entiendes que estás en peligro? No diferencio el no del sí muchas veces. Y en mi mundo turbulento tú eres mi mujer, y en mi cabeza tengo derecho a llevarte a la cama. Vuelve a la maldita habitación. Pero la sangre ya manchaba el suelo, ella sabía suturar y él tenía material para eso. Se acercó con la maleta de

