Abro los ojos, me siento débil y agotada, también desorientada y confundida. Entonces recuerdo la crisis en mi habitación. Mierda. Estoy acostada en una camilla, llevo una vía en mi antebrazo derecho y visto la misma ropa, supongo que han debido pasar horas desde que perdí la consciencia. Parpadeo un par de veces hasta que la vista se me aclara. Voy a estar en problemas, el desarreglo que he hecho desde que llegué a Nueva York me va a costar mucho. La puerta se abre y entra una mujer con bata blanca, debe ser la doctora. Viene charlando muy animada con Richard, la abuela viene detrás de ellos con Saúl. —¡Ah, ya despertó la señorita! Miro a la abuela, quien me hace cara de que tendremos una plática intensa en cuanto estemos de vuelta a casa. Y sí, merezco cualquier tipo de regalo q

