Su mirada me provoca.

1920 Words
YO CONTROLO EL JUEGO. Capítulo 4 Su mirada me provoca. Era él, Santino o como exige que lo llame; Licenciado Rivas. Su mirada es diferente a cómo se veía en la oficina y sinceramente no sé si está enojado o simplemente esa expresión fuerte la tiene en todo momento. Se me ocurre “jugar” a ver quien sostiene los ojos en el otro por más tiempo y aunque sé que no debería hacerlo, porque se trata de alguien que en verdad puede costarme la pasantía y el semestre entero, algo en mí me incita a no bajarle la mirada. Estoy excitada, eso no es nuevo y aunque me caen lo audio de Fabian, no puedo dejar de mirarlo a él, que siento que me desnuda con la suya. Me mantengo firme por unos 5 minutos y agradezco haberme puesto un corpiño con pushap, porque estoy segura de que notaría la erección de mis pesones. Su mirada me provoca y me esta volviendo loca. «Me salió un versito» me digo y sonrío para mis adentros. Los minutos pasan y aun seguimos en esta lucha para ver cuál de los dos, sede primero y juro que no seré yo. Bebo un sorbo de mi licuado y parte del contenido moja mi labio inferior por lo que debo limpiarme y para ello tengo que decidir si usar mi lengua o una servilleta. ¿Qué creen ustedes que deba usar? Relamo mis labios y creo que veo reacción en él. Parpadea y echa su cuerpo hacia atrás. ¿Se acomodó para mirarme? Me preguntó y por como se ha puesto infiero y muy en el fondo deseo que así sea. Quisiera abrirme de piernas para él y mostrarle lo atrevida que soy al no llevar tanga, aunque claro, todos sabemos que no es algo que hubiera podido manejar. Lo veo colocar su tobillo derecho sobre su rodilla izquierda; su brazo, flexionado, sobre el respaldo de la silla y con la otra mano lo observo jugar con su corbata. El cosquilleo entre mis piernas, la humedad que empieza a quemar y la respiración agitada que me obliga a desabrochar los dos botones de arriba, no sin antes desanudar el moño en mi cuello. Nos devoramos con la mirada y ambos somos conscientes de ello. Me remuevo en mi asiento buscando que la fricción me provoque más placer. Mi clítoris palpita con fuerza, mis pezones no toleran el roce con la tela y siento que no puedo mantener la mirada. ¿Qué debo hacer? Estoy segura que siente lo mismo que yo. Me juego la vida entera que está fantaseando al igual que yo, solo que me pregunto el por qué no me dice nada. ¿Lo llamo? ¿Me expongo ante él? «¿Pero estás loca? Deja de mirar cosas donde no las hay porque puede costarte el semestre» Mi consciencia; mi salvadora. Decido bajar la mirada cuando me doy cuenta que ya son la 13 hs y debo regresar a la oficina y es entonces cuando caigo en cuenta de lo que había querido hacer. Bajo la vista mientras me maldigo por ser tan mandada, recojo mi vaso a medio y tostadas que ni toque y se las dejó en la barra antes de salir, por poco, corriendo del café. Me apresuré por llegar al edificio, en especifico al ascensor y cuando pude hacerlo, sentí un gran alivio, aunque me duró poco, porque sin que pudiera darme cuenta, Santino siguió mis pasos. —Mierda —musito para mí misma pero no tan bajo, por lo que pudo oírme. —¿Dijo algo, señorita Miller? Podría jurar que sus palabras suenan algo juguetonas, pero enseguida me corrijo, enseguida regreso a tierra. «Si, porque seguramente un hombre como él, que puede tener las mujeres más bellas y profesionales del país va a obsesionarse con una estudiante, que vive un dos ambientes que se cae a pedazos y tiene un auto que la vive dejando a medio camino» —No —respondo sin mirarlo, poniendo mi atención en el tablero con botones frente a mí. —No ¿qué? Señorita Miller Definitivamente o estoy loca o me está provocando. —No, Licenciado Rivas —dije mirándolo a los ojos y puedo jurar que además de su tono… ¿juguetón? Creo que sus ojos tienen cierta picardía. —No, señor —pronuncia y no logro comprender; enseguida me saca de mis dudas—. Diríjase a mí en esos términos. —Asiento, pero no respondo y puedo sentir el peso de su mirada, por lo que entiendo que a lo mejor quiere que lo nombre. Lo hago. —Sí, señor. Tan pronto acabe la ultima palabra, el ascensor se detuvo, al mismo tiempo que él se iba acercando cada vez más. ¿Esto es un sueño? Pellizco mis brazos para despertarme, y gimo del dolor. Estoy despierta. —¿Ha gemido? ¿Está excitada, señorita Miller? Me pregunto y yo siento que estoy en un sueño. Uno muy húmedo. ¿Será que debo seguirle la corriente? Me quedo dubitativa mientras espero con urgencia a que el ascensor renueve su marcha, sin embargo, eso no pasa y él quiere una respuesta. —¿Y bien? —¿Qué? —Me hago la que no escuché, aunque no puedo hacer mucho, estamos encerrados y no tengo escapatoria. —Si se mojó —me sorprende y yo, por alguna razón doy un paso hacia atrás; él da uno hacia delante y vuelve a insistir —¿Se humedeció? A su postura, manos en los bolsillos, cabeza en alto, mirada fija en mis ojos me intimidaba. No importa cuánto camine hacia atrás, intentando escapar de su cercanía, él estaba un paso más adelante que yo. —¿No me va a responder? —inquiere impaciente acorralándome contra una esquina del ascensor. —¿Qué le digo? —pregunto como idiota, haciendo notoria la dificultad respiratoria por la excitación que me recorre el cuerpo. —Quiero saber si su intimidad esta lubricada. Sus palabras impactan con violencia en mi cuerpo y yo debo sostenerme la baranda a la altura de la cadera que bordea las cuatro paredes del ascensor. Él me observa de arriba a bajo y enarca una sonrisa de lado; siento que me estoy consumiendo en las profundidades de un infierno. Me quemo. Me arde. Me gusta. —¿Y bien? Él insiste en que le responda, yo no sé que decirle. Vuelvo a pellizcar mis brazos y cierro los ojos con fuerza, tratando de “despertarme” pero cada que vuelvo a abrirlos me encuentro en la misma situación. ¿Enserio esto es real? Santino Rivas, uno de los hombres mas deseados en el campo de las leyes, el que se pone en dudas su orientación s****l, lo tengo en frente, haciéndome calentar y yo no sé si tirármele encima o mantenerme en silencio, aunque esto le haga pensar que soy una mal educada. Elijo rezar para que las puertas se abran, mientras tanto, realizo la misma acción; abrir y cerrar los ojos, buscando desertar. —No es un sueño —pienso en voz alta y enseguida cubro mi boca. Él sonríe ampliamente y sin esperarlo, lleva su mano a mi boca, justo sobre la mía y creyendo que va a sacarla, la presiona contra mi y mis ojos se abren ampliamente. —¿Sabe? No creí que diría esto, pero me parece una mujer interesante. Aunque tiene actitudes que no comparto —, lo veo acercarse un poco más y desviarse a mi oreja— y eso me hace querer enseñarle cuál es su lugar. Mi corazón palpita como un loco, mi entre pierna arde y chorrea ¿Recuerdan? sin calzones y su cercanía no ayuda mucho que digamos. Intento zafarme de su agarre, pero su postura sobre mi cuerpo se mantiene del mismo modo. ¿Por qué no le doy un rodillazo en las pelotas? ¿Por qué en vez de apretar el acero del pasamanos no le doy una trompada en la boca? «Porque ambas sabemos que te morís porque te haga suya acá mismo» Y sí, efectivamente mi consciencia tenía toda la razón. —¿Estás mojada? —pregunta con voz ronca; no soy capaz de contestarle—¿Me va a responder o tengo que averiguarlo por mí mismo? — De inmediato asiento con la cabeza y él esboza una amplia sonrisa dejándome notar lo estúpida que fui en hacer ese gesto que puede malinterpretarse—. ¿Lo averiguo? ¿Qué le digo? Su mirada lograba calar lo más profundo de mi cuerpo que lo deseaba como nunca antes. Las ansias de que irrumpa con sus dedos mi interior se hacían cada vez tortuosa y puedo jurar que él se daba cuenta de ello. No era un sueño, esto que estaba viviendo era real y me pone a pensar si debo acceder a que me toque o debo apartarlo de mi cuerpo. Pero ¿De verdad quería alejarlo? Había soñado con este momento en varias ocasiones y se me estaba dando, entonces ¿Debía dejar pasar la única oportunidad de cumplir la fantasía de muchas mujeres? ¿Debía reprimir esa mujer liberal cuyo comportamiento, cuando tiene deseos de vivir algo intenso, no le importa saber de quién se trate y dónde esté? Me gustaba. ¡Por dios, cuánto me gusta este hombre! Sé que si no acepto que lo averigüe por sí mismo me arrepentiré de por vida. Estas cosas pasan una sola vez en la vida ¿de verdad lo iba a dejar pasar? ¡A la mierda el respeto, la dignidad y todas esas cosas! No debo asentir, no quiero hacerlo. De lo contrario, abro mis piernas para él, lo invito a pasar, a que compruebe con sus dedos lo que me ha provocado. —Me gusta —dice con sus ojos penetrándome con fuerza—. Me gusta que te abras para mí. Lleva dos dedos a su boca y los chupa. Mis piernas tiemblan, mi v****a arde. ¿Por qué demorará tanto? Me urge, me desespero por que lo haga, por encerrar sus dedos con las paredes de mi interior y encontrar el ansiado orgasmo que me fue negado. Cuando saca sus dedos de la boca, mi atención se dirige a su mano que baja muy lentamente. Me está torturando. Abro más las piernas y con mi mano libre comienzo a subirme la falda, lo que provoca en él que suelte una carcajada. —¿Está desesperada? —asiento, lo estoy—¿Quiere que la toque? —vuelvo a asentir. Cuando sus dedos hacen contacto con mi muslo derecho, pongo mis ojos en blanco y hago muy notoria mi respiración errática. Tiemblo y él suelta una risita. Comienza a subir, encara hacia la cara interna de mis muslos dejando un camino húmedo y cuando hunde sus dedos en mi carne, no puedo evitar echar mi cabeza hacia atrás. Su mano se desliza de la mía hasta llegar a mi cuello, donde la encierra. Mis ojos se abren y noto que toma mi sonrisa como un gesto de aprobación, porque de inmediato ejerce presión. Tendría que estar asustada, sin embargo, este tipo de dominación saca mi lado perverso. Cansada de esperar porque se meta en mi cuerpo, dirijo mi mano hacia la suya y decidida a dirigirlo hacia mi v****a, él suelta mi cuello para atajar mi mano y colocarla por detrás de mí. —Que te quede claro una cosa, Yo controlo el juego, nunca lo olvides.
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