Caleb Garnol. Me muevo acomodando mi evidente erección, de solo pensar en ella estoy duro, de solo pensar en su cuerpo junto al mío, en su olor a flores frescas en un día de primavera, en su gemidos como sirenas, en su piel junto a la mía. En su elixir, en su rostro, ese rostro tan sublime que coloca cuando alcanza la cúspide del éxtasis, en su sabor dulce lleno de afrodisíaco. Alejo los papeles, es imposible ahora no logro pensar en otra cosa que no sea ella. No después de no poder poseerla hasta el cansancio, hasta que su cuerpo cayera desplomado encima del mío. No logré hacerlo, Dalia se quedó con nosotros, en una habitación aparte, lejos de la mía, no deseaba que mi pequeña chica estuviera llena de celos, aunque sus celos fueron vano, él corazón de esa americana ya fue conquistado.

