— Se nota que no tengo ya poder sobre mis hijos, que creen que pueden hacer lo que les dé la gana — dijo el señor castillo, inmediatamente cruzo la puerta de su casa, viendo a su hijo sentado en la mesa comiendo. Su hija a la derecha de él y su esposa al frente, los tres se voltearon a verlo, a ver como adoptaba una posición de serio con un enojo. —Ya va a comenzar — susurro por lo bajo Wilamary, haciendo que solo su hermano que estaba al lado suyo, escuchara eso. —Cálmate, no digas más nada — le advirtió él — Hola, papa — expreso el cuándo se levantó de la mesa, en señal de mostrar respecto hacia su padre. — Tú siempre gozas de desafiarme —dijo, ignorando por completo el saludo de su hijo, lo había tomado como una burla. — Eres mi padre ¿Cómo podría hacer eso? —Exacto, tu padre,

