3

843 Words
Estaba bastante empapada y se notaba a través de mi corpiño celeste bajo la camisa. No tenía uno más presentable; este carecía de arcos y estaba descosido, reflejando mi penuria. Un golpeteo me indicó que pasara, suspiré, sin muchos ánimos para entrar, pero no tenía opción. Aunque deseaba objetar, debía hacerlo. Dentro, vi a un hombre en una silla de ruedas. 'Hola', dije, alzando una ceja. El hombre se volteó, 'Estamos cerrando solicitudes, ¿qué quieres?', preguntó bruscamente. Se giraba con dificultad, incapaz de mover las piernas pero algo sus brazos y cabeza. '¿Terminaste de analizarme?', le respondí nerviosa. 'Sí, por eso no puedo mover las piernas pero sí los brazos y la cabeza', explicó. '¿Y a ti qué te importa?', murmuró seco. 'Es relevante, necesito saber para quién trabajo, eso es todo', insistí. '¿Y tu currículum?', preguntó. Salí por la carpeta y la entregué. Estaba empapada. Para mi sorpresa, él hizo una mueca aún más profunda. '¿Acabas de darme un documento mojado?', inquirió. 'Sí, la lluvia me sorprendió', me disculpé. "¿Cómo se si sabes hacerlo?', preguntó. 'Tengo un curso de secretariado', respondí orgullosa. Él rió. '¿De verdad vienes aquí solo con un curso de secretaria?', se burló. 'Sí, ¿se necesita un doctorado para ser secretaria?', repliqué sarcásticamente. 'Incluso han venido ingenieros para este puesto. ¿Por qué te elegiría si no tienes nada?', cuestionó. 'Porque soy apta, inteligente y hábil robando información y objetos', afirmé sinceramente. '¿Eres buena robando información? Eso me interesa. ¿Acaso eras ladrona?', preguntó. 'Algo así', respondí, acercándome y tomando su reloj. Dio un paso atrás sorprendido. '¿Qué estás haciendo?', preguntó, mirando su mano. 'Aprendo rápido, soy hábil y me gusta trabajar sin límites ni distracciones', comenté. 'No me convences, ¿por qué te contrataría si podrías robarme?', dudó. 'Robaré, pero hay cámaras', señalé. 'Eres rápida, podría confiar en alguien como tú. Yo soy lento', admitió. '¿Debería sentir lástima por alguien paralítico?', pregunté. Se rió. 'Odio la lástima. Me encanta tu frialdad. Estás contratada'." "¿Entonces me está contratando porque soy fría y no me importa que esté en silla de ruedas?", pregunté. Él asintió. "Estaba cansado de las miradas compasivas, de las palabras 'pobre chico, tan joven en silla de ruedas'. Me tienen harto", expresó en tono seco. "Bueno, solo le diré una cosa: soy más que eficiente. Gracias por la oportunidad", respondí. "Está bien, empiezas mañana", dijo. "Gracias", contesté y salí corriendo. La señora amable me ayudó en el mostrador. "¿Cómo te fue?", preguntó. "Me dieron el puesto", respondí alegremente. La señora se volvió para abrazarme. "El señor Ramiro es buena persona, lamentablemente tuvo ese accidente", comentó. "Sí, pero creo que le agradó ver que no me da lástima por estar en silla de ruedas", reflexioné. A pesar del corazón partido, aprendí a canalizar el dolor. Ahora, cuando llegué al departamento y noté que Genaro me fallaba, no dije nada. Empecé a cocinar como hacía los viernes. Era extraño empezar a trabajar un sábado, pero no me importaba. Él llegó con mala cara. "No tuve suerte", dijo. "Yo sí", respondí mientras limpiaba unos platos. "¿De qué hablas?", preguntó. "Conseguí un trabajo", respondí. "Te dije que no lo hicieras", comentó, acercándose con los brazos cruzados. "Me da igual lo que quieras o no, necesitamos dinero, amor", respondí secamente, mirándolo con desaprobación. No planeaba quedarme con él, solo aguantaría hasta el primer pago. No estaría con alguien que me engañaba y además no me dejaba trabajar. Se dio la vuelta molesto. Suspiré. Sabía que él quería protegerme, pero ¿por qué me engañaba? "Maldito hipócrita. Lo conozco desde los 2 años y ahora se da el lujo de engañarme. Es un idiota", murmuré molesta, perdiendo el apetito. Decidí ahorrar los pocos fideos que quedaban. Hice una mueca. El pago sería quincenal y lo primero que haría al cobrar sería buscar un departamento. Me marcharía, aunque él no pudiera pagar. Ya había sido un ladrón profesional y no quería estar con él. Me recosté a su lado cuando me abrazó, pero sentí falsedad en sus caricias. Cerré los ojos, sabiendo que solo tendría que soportar un poco más para largarme de una vez por todas. Consideré vivir en la calle, pero sabía que eso pondría en riesgo lo poco que tenía. Decidí soportar un tiempo más. Al día siguiente, me levanté temprano y noté que él no estaba a mi lado, lo cual me sorprendió. Cuando la puerta se abrió y él trajo una taza de café, dijo: "Lo siento por ayer, pero es por la promesa. Siempre te dije que te protegería y ahora estás trabajando. No quería eso, lo lamento." "Estoy muy orgulloso de ti", dijo Genaro. "Gracias", murmuré, tomando la taza. "Hace mucho tiempo que tampoco nos comportamos como una pareja", comentó. "¿Y eso qué?", pregunté, bajando la vista. "Quería saber si sientes algo de verdad por mí", preguntó. Aquella pregunta me desconcertó. Él estaba cuestionando nuestros sentimientos, no yo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD