Capítulo dedicado a Eugenia Zion: El sartén golpea la lámpara encima de la chimenea haciéndola añicos, pero lo realmente alarmante es el grito desgarrador que sale de su pecho. Los últimos minutos han sido una pesadilla. Desde la habitación escuché cada uno de los insultos que le profesaban y juro que pude sentir como con cada palabra su corazón se hacía añicos. Tuve que hacer un esfuerzo enorme para no interferir y empeorar las cosas como ella me pidió, pero cuando sentí ese golpe seco, supe inmediatamente de qué se trataba y ya no podía mantenerme al margen. La habían golpeado y no lo iba a permitir. Siempre he pensado que mi familia era una mierda, pero la de ella está a otro nivel. Si bien mis padres no me profesan ningún tipo de amor, por lo menos no me menosprecian de esa forma.

