Ojiro y Midoriya seguían ocultos, esperando de alguna manera que los Alfas se fueran, sin embargo Hitoshi y Reiko seguían peleando en la piscina.
-Eres testarudo!!- le gritaba el castaño- Déjame!!.
-Olvídalo!!.
Cerca del patio central iba entrando cierto chico que venía de visitas. Al escuchar los gritos se aproximó al lugar, para ver que ocurría.
-¿Pero que es esto?!!.
Ambos luchadores dejaron de pelear y miraron hacia arriba.
-¿Quién carajos eres tú?- preguntó Reiko.
-Apoderado de Todoroki, soy su hermano Natsuo.
-Un gusto- le dijo Shinsō saliendo de la piscina.
-¿Y qué se supone hacían?.
Ambos chicos no alcanzaron a responder, pues un fuerte aroma a menta, mezclado con manzana, llenó el aire. Natsuo miró a los alumnos, entendiendo lo que estaba ocurriendo.
-¿Dónde están los Omegas?.
-Ocultos- dijo Hitoshi mirando molesto a Reiko.
-Tú vete- le ordenó el mayor al castaño.
-¿Qué?! ¿Quién te crees que eres?!.
-Soy apoderado de ésta Academia y puedo poner un reclamo por tú actitud rebelde- respondió el albino.
-Maldita sea- Reiko tomó su toalla y salió del lugar- Qué no se te olvide que Ojiro será mío- le dijo con rostro desafiante, luego se marchó.
Natsuo quedó mirando a Hitoshi, el pelimorado le pareció más sensato.
-Vamos a buscarlos.
Shinsō asintió y fue seguido por el Todoroki.
Se dirigieron al súper escondite que tenían los Omegas. Al sentir los aromas de los Alfas, tanto Izuku cómo Mashirao se levantaron para pelear, pero no había mucho que pudieran hacer, el dolor era mayor.
-No podemos pelear así Midoriya.
-Lo sé, tranquilo. Algo se nos ocurrirá.
-¿Chicos?- aquélla voz fue un bálsamo para Izuku.
-Natsuo-niisan!!!- salió del escondite cómo pudo y se abalanzó sobre los brazos del albino. Un rico aroma a durazno le llegó a la nariz, sus pecas se sonrojaron.
-Midoriya-kun- le dijo el mayor acariciando sus cabellos- ¿Estás bien?.
El peliverde asintió bastante feliz, el aroma del albino le encantaba.
Mashirao salió del lugar, mirando a todos lados, sus ojos chocaron con las orbes púlpuras.
-Reiko se fue- le dijo Shinsō acercándose.
-Ale...játe...- dijo el chico de la cola retrocediendo, sus débiles piernas lo dejaron caer.
-Hey- Hitoshi se acercó- Amo tú aroma, pero jamás te haría daño- le dijo colocándose a su lado para tomarlo por la cintura y levantarlo. Con la desconfianza a flor de piel, Ojiro aceptó la ayuda, rodeó al mayor por el cuello, mientras era aferrado al cuerpo de su compañero.
Mashirao se afirmó con sus dos brazos antes de caer de nuevo. Quedó frente al pelimorado. Shinsō le sonrió, las mejillas del más bajo se tiñeron aún más de rojo.
-Iremos a la enfermería- Ojiro asintió sin decir nada. El aroma de moras frescas que despedía el Alfa lo relajaba.
-Bien. Llévame esto- le pidió Natsuo a Midoriya, un paquete dentro de una bolsa. Izuku lo tomó- Ven aquí- el albino lo levantó cuál princesa, el pecoso se acomodó en sus brazos y hundió su rostro en el pecho del mayor.
-Es por acá- le dijo Shinsō al Todoroki. Ambos se dirigieron a la enfermería.
Pasado un largo rato, Midoriya y Ojiro salían del lugar, Natsuo y Shinsõ los estuvieron esperando afuera. Parecían sus guardianes.
Al salir se encontraron con los Alfas.
-Nos dieron otros supresores y no podemos salir de los dormitorios- les dijo Midoriya.
-¿Estás mejor?- Shinsō se acercó a Ojiro y le acarició el rostro. Acto que fue por inercia.
-Y...yo, sí, gracias por tu ayuda- respondió el rubio sin quitar la mano del pelimorado, algo que agradó a Hitoshi. Mashirao subió sus ojos para verlo al rostro- Shinsō, yo...
-Toma- le tendió un pequeño papel- Es mí número de teléfono. Puedes llamarme cuándo quieras, dónde esté, vendré por ti.
-Gra...gracias- dijo rojo hasta el cuello- Eres muy amable, creo que me equivoqué al juzgarte- dijo agachando la mirada.
-Suele suceder- lo tomó del rostro para que lo levantara y le dio un beso en la mejilla- Te veré pronto- Ojiro sonrió y el pelimorado se retiró.
Midoriya y Natsuo estaban hablando, el pecoso no dejaba de sentirse algo ansioso con la presencia del chico. Por boca de su amigo, sabía que el albino era un Alfa, uno bastante rico a los ojos de Izuku.
-¿Vienes a ver a Shotō-kun?.
-¿Me llevas a su habitación?.
-Claro!!- Midoriya tomó de una mano al Todoroki y se lo llevó. Detrás de ellos iba Ojiro, mirando con cara de idiota el papel con el número.
En la habitación de Shotō, el bicolor se levantaba, necesitaba saber que materia habían pasado en clases. Salió de su cuarto, fue a los dormitorios de los Betas y Omegas, nadie salió.
-Genial, ¿dónde estará Izuku?.
En eso se dio media vuelta para seguir su camino y se topó de frente con Katsuki, el cenizo lo quedó mirando.
-Emm, disculpa, Bakugō.
-Qué quieres- le dijo de forma seca.
-¿Me podría prestar la materia de ayer? Es que los Betas no están y los chicos tampoco.
-Ven- abrió la puerta de su habitación, dando espacio a qué Todoroki entrara.
-Permiso- delante de él había un dormitorio ordenado, con algunos muebles, libros, tenía un juego de pesas, un pequeño saco de boxeo, su cama con mesita de luz y un mueble con la televisión y play.
Bakugō cerró la puerta y se dirigió al estante en busca de la tarea. El aroma a pólvora y canela se sentía bastante fuerte. Shotō comenzó a marearse, se le habían olvidado los divinos supresores. La poca costumbre de tener que estar tomando pastillas, le estaba pasando la cuenta.
Katsuki se giró, sintiendo la fuerte fragancia de fresas con crema, miró al bicolor que estaba más rojo que un tomate.
-Maldita sea- dijo el cenizo, su Alfa le estaba nuevamente reclamando aquel sexy Omega frente a él. Era algo que ya lo estaba saturando, por más que trataba, no podía sacarse al bicolor de la cabeza.
Shotō retrocedió al notar la penetrante mirada de Katsuki, al hacerlo, tropezó cayendo sentado sobre la cama.
Por más que trataran de taparse la nariz, el fuerte olor de ambos chicos se fundía en el aire.
-Maldición- tiró el cuaderno a la misma mierda y se abalanzó sobre Todoroki, el medio albino no alcanzó ni a levantarse de la cama, el ojirubí estaba sobre él.
-Ba...- y no dijo más, en un fuerte arrebato Katsuki se lanzó a sus labios, devorándose todo a su paso. Los ojos heterocromaticos estaban abiertos cómo plato. Lo que menos creyó se hizo realidad. Más fue la sorpresa de sentir que era besado por quién lo odió alguna vez- Mmm, ngh, mhh- aunque Bakugō no era experto besando, su Alfa sí lo era. Ambas lenguas salían una y otra vez en busca del sabor y el placer único del otro.
Katsuki liberó los labios del bicolor, sus miradas se encontraron por primera vez en forma diferente. Aquellos ojos pedían poseer al contrario.
-Maldito dos caras- se levantó de encima, trató de calmarse y volvió a sentarse cerca de él- No te marcaré, por ahora.
-Yo jamás seré tuyo- le dijo el bicolor con sus mejillas rojas.
-Sí lo serás, Todoroki- sonrió el cenizo.
El bicolor creyó que se infartaría al escuchar su apellido en labios de ese irreverente Alfa.
-Domíname, si puedes- lo desafió Shotō.
-Vas a ser mío bastardo- se agachó nuevamente y unió sus labios a los del Omega.
Midoriya y Natsuo habían llegado a la habitación del bicolor. Al tocar notaron que la puerta estaba abierta. Entraron.
-Creo que Shotō-kun salió- dijo mirando el cuarto vacío.
-Mmm, lo esperaré- le dijo el albino, dejando sobre la una mesa el paquete que le llevaba.
-Pue...do hacerte compañía- le dijo el pecoso jugando con sus dedos.
Natsuo se mordió el labio inferior y trató de relajarse.
-Creo que es mejor qué te vayas Midoriya-kun.
El peliverde puso cara triste.
-Disculpa por molestar- dijo dándose media vuelta.
Natsuo lo tomó del brazo para girarlo.
-No es eso!!- gritó y con la fuerza Midoriya cayó sobre él, en la cama.
-Lo siento!!- le dijo el pecoso haciendo el amague de levantarse. Pero el Todoroki lo tenía aferrado a su cuerpo.
-¿Natsuo-niisan?.
-Midoriya-kun- susurró cerca de sus labios, para luego robarle un beso.
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