CAPITULO XXXIV. Terrence. La veo sentarse nerviosa junto a mí en el avión y suspiro. Desde que todos se fueron de París hace dos meses ella ha estado así, alterada, asustada y ansiosa. Realmente, si hubiese podido evitar este viaje lo hubiese, es bastante malo verla sufriendo nada más de pensar en el hecho de venir. Ya el estar ahí será más duro, aunque espero que no y que pueda disfrutar de la boda de su hermana y pueda relajarse un poco. —Cariño, debes relajarte—pase mi mano por su mejilla derecha—debes centrarte solo en el hecho de que tu hermana se va a casar y que está feliz por eso—asintió y sus ojos se cristalizaron. —Es que no lo puedo evitar, he intentado no pensar en nada más que no sea vivir esta felicidad con mi hermana de la mejor manera y siempre lle

