Me dedicó una sonrisa deslumbrante antes de besarme con brutalidad. «Bien», gruñó contra mis labios. «Ahora abre las piernas. Quiero follarte otra vez antes de que tengamos que salir a la calle». Me reí. —¿Eso era una orden?—, le pregunté en tono de broma. —Una petición firme. —Me acarició el cuello con la nariz, mordisqueando mi piel. —Entonces, solicito firmemente que tengamos relaciones sexuales al menos dos veces más antes de salir en público —repliqué. —Petición concedida. —Me agarró el muslo, separándolo lo suficiente para tener el espacio necesario para penetrarme. Nuestros labios se fundieron en un beso, nuestros cuerpos se convirtieron en uno solo, y todo en este maldito mundo era perfecto. Nos quedamos un rato más en la cama antes de consumir muchísima comida, mucha más de l

