Fue una sorpresa que hubiera dicho tanto. Más de una frase y solía callarse. Quizás por fin se estaba relajando lo suficiente como para sentir que podía hablar con más libertad. —Todavía no le has dicho que podíamos oler su excitación —murmura Aero. —No necesito. Estoy bastante seguro de que ya ha atado cabos. La piel rosada lo delató. Sé que está desesperado por tenerla, por reclamarla. Igual que yo, pero teníamos un nuevo problema. Kyle. Si la marcaba, la vería morir y no podría hacer nada al respecto. Neah sufriría muchísimo mientras su cuerpo ardía por dentro. Soy cruel, pero las reglas de la Diosa de la Luna eran de otro nivel. Sus ojos se posaron en mi rostro, ligeramente desenfocados. Sabía que estaba conteniendo las lágrimas otra vez mientras repasaba mis palabras en su cabeza.

