Al volverme hacia ella, me observa con esos grandes ojos azules. Su labio inferior tiembla un poco mientras espera mi respuesta. No quería que se fuera, pero ¿y si era una de estas bestias? ¿En qué me estaría metiendo? "¿Vas a matarme?", pregunta de nuevo. "No." No importaba lo que fuera. Ella se aferra a la toalla que la envuelve, la cual está enrollada alrededor de sus muslos y apenas la cubre. "Ponte esto". Le paso la sudadera y los pantalones deportivos del armario. Preferiría que llevara menos ropa, pero así era más fácil estar tapada. «¡Porque eso te va a detener!», reflexiona Aero. Le di la espalda y la dejé vestirse. "¿Por qué crees que quiero que te vayas?" —Soy parte del contrato. —Esta vez no tartamudea, casi como si le resultara más fácil hablarme cuando no la miraba. —

